Mentoring

Currently I’m working in a team where almost everyone has fewer experience than me regarding .NET technologies and Web development. I have to recognize that I have been programming in .NET for about ten years by now (not all the time, I hate when I’m asked this question when applying for a job position because I consider it plain stupid: no one does the same thing for more than a couple of months).

But I still have little experience in web, just a couple of years of ASP.NET development and a couple of years more in PHP when I started to work as a professional developer… and I really remember little of PHP programming.

So, at the very beginning we had to get things done and we were little experienced. I put in the senior developer shoes and started studying ORMs, Dependency Injection tools, the new stuff in ASP.NET MVC 5, jQuery, Bootstrap, AngularJS, SharePoint…

And started to train the rest of the people in the things I read and learnt on weekends. Did that made my an expert in something? Absolutely not, I just wanted to share what I was learning with my pals.

Eventually I had the opportunity to do some speech in a software event. Several of my colleagues were invited to participate as well, but they were a little bit reluctant at the very beginning:

– What if there’s someone who knows more than me and corrects me or fools me in public?

I haven’t talked in public more than just a few times, but I’ve never found someone that rude. People go to events with a positive feeling of learning something or sharing some insights or knowledge about the topics covered in the talk; it rarely happens that some expert in something goes to some talk just to fool someone… and I think that the audience would not have fun with such a troll.

If that eventually happens, there are ways to workaround uncomfortable situations:

– Hum, I’m not sure about that; maybe you’re right.

– I agree with you at some extent, but…

– I don’t have the answer right now; lemme check it and I’ll come back to you then; could you give me your e-mail address after the talk, please?

– I see your point but you have to consider that…

– If you don’t mind I’ll be glad to discuss this issue with you after the talk, now let’s move on to the next topic so that the audience don’t get bored and we don’t run out of time, I hope you understand, d’you agree?

And don’t be afraid of saying that you’re wrong. Be humble upfront. If you feel that you know a little bit about a topic then share it! You can just start being humble: “hey guys, I’ve worked with this some time but I don’t know yet all the gory details about it, you know”. Besides, realizing that you’re wrong some time after you wrote or said something is ok, it means you’ve continued working on that, it means that you’ve learnt, you have a deeper understanding on the topic. That’s an improvement, good for you!

Please, don’t get me wrong: I’m not saying that it’s good to talk about something by merely reading about it. It’s good to train, to play, to research a little bit further and then talk about it or teach other people about it.

To give an example I was asking my workmates to avoid conversions such as “.ToList()” just to iterate on a collection with a foreach loop because it’s non-sense, but then I was introduced to EntityFramework and the problem of buffering a query in EF to avoid keeping connections open, so I had to go back and say: “Hey dude, when I said: don’t use .ToList() never, ever… ok, when it’s about EF things are not that easy…”.

So, I’d like to emphasize: share your knowledge with others. If eventually someone finds a mistake in something you said or wrote that’s cool, you can learn from your mistakes. If you don’t share your insights there’s little room for improvement and learning. No-one will blame you for being wrong. All of us are eventually wrong about something, and that’s okay.

La Ley de Servicios Profesionales y la Informática

La polémica ley de la que actualmente existe un borrador pero que en próximas fechas debería confirmarse, ha suscitado muchas polémicas. En este artículo trataré de aclarar y de informar, en la medida de lo que conozco, de cómo la LSP (Ley de Servicios Profesionales) nos afecta a la Ingeniería en Informática.

Lo que dice la ley

En esencia la ley dice que se elimina la mayoría de atribuciones profesionales. Esto significa que no hará falta que un ingeniero industrial preste su firma para un proyecto de construir una nave, la de un arquitecto para la construcción de una casa o la de un ingeniero de puentes para construir un puente. Se conservan algunas atribuciones muy específicas pero las más generales se suprimen, entendiéndose que no es necesario ser ingeniero en A para firmar un proyecto A, sino que es suficiente conocer los entresijos de dicho proyecto y tener cierta experiencia.

Esto, que en principio puede sonar muy bárbaro (¡¿ingenieros de montes firmando proyectos de construcción de puentes?!) quizá no lo sea tanto porque se conservan ciertas atribuciones específicas y se eliminan las demás (desconozco qué se conserva y qué se elimina), y la idea es, quizá, noble: reducir la carga burocrática y abaratar costes a la hora de realizar trámites para llevar a cabo obras. De ser así, ojalá no afectara sólo a ingenierías y arquitecturas, sino también a la abogacía y la notaría, ¿verdad?

Cómo nos afecta a los Ingenieros en Informática

En dicho escrito se establece que los profesionales de la informática podemos seguir con la nomenclatura de “Ingenieros”, si bien no se nos incluye en el reglamento que se establece para las demás ingenierías. Y aquí está la enjundia del asunto, amigos, en que no estamos con las ingenierías mayores, con casta y solera. Y de lo malo podemos darnos con un canto en los dientes: otras ingenierías nuevas han perdido hasta el trato de ingenierías…

¿De dónde viene todo esto?

De la “Ley Guerra” de 1986, llamada así por ser establecida por el entonces ministro Alfonso Guerra. Dicha ley regulaba las competencias de las distintas ingenierías; la Ingeniería Informática no existía aún en España, los pocos profesionales del sector no estaban aún organizados y por tanto no levantaron la mano para hacerse oír.

Por aquél entonces se estableció la regularización, mientras que ahora se trata de hacer lo contrario: des-regularización de atribuciones.

¿Cuál es el verdadero problema?

El problema real está en el hecho de que no se nos trate como a las demás ingenierías, en el hecho de que seamos tratados como una ingeniería “menor”. Actualmente este es el problema, dado que la desregularización de las atribuciones en principio no nos afecta en absoluto. Sin embargo, esta situación actual abre las puertas a muchos problemas futuros:

  • Si en el futuro vuelven las tornas y se decide re-regularizar las atribuciones (ya se hizo y probablemente se vuelva a hacer), nosotros que no estamos en el saco nos quedaremos fuera, y posibles atribuciones como por ejemplo Seguridad Informática, Criptografía o Gestión de Proyectos quedarán fuera de nuestras manos y pasarán a estar controladas por ingenieros industriales o de telecomunicación (sigh). Dado que nosotros no nos metemos a construir puentes pues pueden imaginarse lo que significa dejar en manos de personal no cualificado tareas de tamaña relevancia.
  • El hecho de estar menospreciados de una u otra manera afectará a que muchos futuros profesionales se decidan por otros estudios más prestigiosos, tendremos una fuga de cerebros en nuestro sector y dado que el área de las tecnologías es posiblemente el área con mayor futuro en España y en el mundo sería una pérdida irreparable para el país y para el avance de nuestra sociedad global.
  • Trato, respeto, igualdad… esas cosas básicas que se presuponen a todo individuo y a las que a veces hay que apelar para que te escuchen…

¿Quién es el malo de la película?

Esta ley empezó a barruntarse en el anterior gobierno socialista, y tiene su continuidad en el actual gobierno popular. Como he señalado antes, la ley no es ni buena ni mala, eso el tiempo lo dirá y el caso es más complejo de lo que parece. El asunto está en que nosotros nos quedamos fuera, y España no puede dar la espalda a más de 150.000 profesionales punteros en hacer avanzar al país. Para que se hagan una idea, los ingenieros de minas, que sí están en el grupo de los Elegidos, no pasan de 5.000.

De hecho hay políticos socialistas, de UPyD y populares que nos apoyan, comprenden la situación e incluso comprenden el escarnio que el actual escrito nos supone.

El verdadero problema está en los tecnócratas, los lobbys de poder que se encuentran apoltronados en los puestos relevantes de la Administración y no dan su brazo a torcer. Son éstos los que tienen la influencia para aconsejar y decidir el escrito final y que no quieren que nadie les quite su jugoso pastel. Estos lobbies están conformados por ingenieros industriales, de caminos, de telecomunicación… que dicen que estos chicos de los ordenadores no tienen nada que hacer, no son ingenieros y que cualquiera puede desempeñar su trabajo.

Dado que la labor desempeñada por la Ingeniería en Informática se encuentra fuertemente regida por procedimientos ingenieriles heredados y adaptados de otras ingenierías y no se trata de procedimientos científicos o artísticos, creemos firmemente (y así los planes de estudios lo estipulan) que somos tan ingenieros como otro cualquiera.

¿Qué es lo que queremos, entonces?

Que se nos trate como a las demás ingenierías. Ni más, ni tampoco menos. Queremos estar donde el resto de las ingenierías estén.

¿Qué podemos hacer?

Difundir el mensaje. Poner en conocimiento de todos los profesionales de la Ingeniería en Informática que esto es un problema que nos afecta a todos; que no nos va a quitar el plato de lentejas de cada día, pero que podemos perder una oportunidad CLAVE para futuras decisiones que atañen a nuestro sector y que nos competen, por simple y llana justicia.

Por encima de nosotros están los Colegios de Informática y distintas asociaciones y grupos de presión que tratan de hablar con políticos, difundir el mensaje y conseguir apoyos; la barrera principal no obstante radica en los lobbys que antes mencionaba.

Conclusión

En próximas fechas el escrito dejará de ser un borrador para convertirse en ley. El grupo socialista trató de confirmar el escrito la pasada legislatura, pero a última hora se echó atrás dado el bajo consenso y nuestras protestas en la calle. Así que lo dejó para el siguiente Gobierno y se quitó el marrón de encima. Ahora toca decidir, y ahora es cuando nos la jugamos.

Un relato corto

Año 2072. Como cada mañana, Fred se despertó a las 8 de la mañana. Había tenido una noche revuelta, probablemente debido a que estaban en primavera, el tiempo era bastante inestable y soñaba mucho. Se vistió rápidamente, tomó un café con un par de galletas, agarró su All-In-One y se fue a la calle, camino del trabajo.

Un All-In-One era un dispositivo que hacía las veces de teléfono móvil, radio, dispositivo de audio, cámara, calendario, gestor de eventos, sincronizador de redes sociales y otras mil cosas inútiles más. Más o menos como ahora, pero más pequeño y sin pantalla, ya que funcionaba a base de una especie de hologramas que uno controlaba con los dedos, describiendo ciertos movimientos en el aire.

Fred trabajaba como máximo responsable del departamento de IT en MeetLove, el Meetic de la época. Su creador, John Marrison había patentado hacía diez años una idea innovadora y rompedora: un sistema informático que, en base a parámetros sociológicos muy definidos y sesudos del cliente en cuestión, realizaba una búsqueda de la pareja perfecta, gracias a un algoritmo extremadamente complejo que se ejecutaba en un servidor de máxima capacidad, cuya responsabilidad era en estos momentos la ocupación de Fred.

En el año 2072 el ritmo de vida de las personas había provocado más divorcios y rupturas que nunca antes en la historia; la gente era más independiente, pero también más infeliz. Las personas no estaban dispuestas a aguantar en absoluto las manías o costumbres de otra persona, y a la menor discusión uno de los dos agarraba la puerta y se iba, y a empezar de nuevo. Muchos hombres y mujeres fallecían sólos en residencias privadas, pagadas con mucho dinero, y en muchos casos sin hijos. Precisamente la idea de John, que inteligentemente decidió patentar, cubrió una necesidad que muchos añoraban, o que soñaban cuando las oían contar a los más viejos: el amor, la fidelidad, el respeto, la complicidad de la pareja.

Desde entonces, y gracias al sistema de John, en los últimos diez años el número de divorcios se había reducido a tan sólo un 5% del total de nuevas parejas, o al menos eso decían ellos. “¿Para qué perder el tiempo con personas que no merecen la pena? ¡conoce a tu media naranja sin sufrir despechos y rupturas!”. Tal fue la campaña publicitaria que el mismo John personificó en los paneles publicitarios de los edificios que inundaban las ciudades.

Y la idea cuajó, vaya si cuajó. Los beneficios de John se contaban por millones y la gente era feliz. Pagabas, te sometías al procedimiento, y encontrabas a tu pareja perfecta. La gente acudía a su primera cita con la convicción del que se sabe ganador. Todo era más fácil. Nada podía fallar, el sistema era infalible. Muchos intentaron descifrar el algoritmo, sin éxito: el secretismo que lo protegía era absoluto, el servidor que ejecutaba la búsqueda estaba protegido por las máximas medidas de seguridad.

Aquella mañana, Fred había tenido una pesadilla. Algo no iba bien. Su antecesor en el cargo, el propio John Marrison en persona le había indicado que el sistema era tan estable que su trabajo sería coser y cantar, apenas le daría trabajo y casi nunca tendría que revisar el funcionamiento del sistema. En el sueño, el sistema se caía, el servidor dejaba de funcionar y todo era un auténtico caos, él era despedido fulminantemente y todo el mundo se reía de él.

Es por ello que aquella mañana se vistió rápido y fue casi corriendo a su trabajo, sin tomar el transporte urbano. Cuando llegó a su puesto, tuvo que revisar sus notas para consultar cómo se accedía al sistema central, el sistema más importante, el que ejecutaba el algoritmo de búsqueda. Se autenticó en los distintos niveles de protección del sistema hasta que llegó al núcleo. Entonces, se quedó pálido cuando descubrió que el núcleo estaba caído. Tras varios minutos de desesperada búsqueda, entendió que dicho algoritmo nunca existió, la máquina había operado en vacío los últimos diez años.

Fred comprendió la jugada de su jefe, y sonrió con una mueca de ironía. Miró la foto que colgaba de su despacho; en ella, John aparecía radiante, con los brazos cruzados, en una actitud de confianza y desafiante a la vez. “Qué cabrón”, pensó. Se levantó y se preparó un buen café.

Ataduras

La semana pasada hablaba de que las razones por las cuales hoy día se tienen niños son muy diferentes a las razones por las que nuestros antepasados los tenían. De suerte que considero hoy en día tener descendencia algo así como una atadura, por lo menos en mi caso.

Los niños se deberían tener por ilusión, porque uno realmente desea eso; tenerlos porque sí, porque “es lo que toca”, por seguir la corriente a la sociedad no es más que una atadura. En mi caso, además, tampoco estoy seguro de querer traer al mundo a una criatura con el mundo que estamos dejando. Sí, vivimos mejor que nuestros padres y nuestros abuelos en unos aspectos… pero peor en otros. No tengo claro que el progreso neto sea mayor que cero.

Hoy en día construimos demasiadas ataduras a nuestro alrededor, guiados por un consumismo compulsivo y autodestructivo: niños, coches, tecnología, viviendas… Muchas veces adquirimos estos bienes sin pensar en los costes que acarrean: educación, gasolina, mantenimiento y licencias, hipoteca… simplemente nos subimos al carro del consumismo por seguir la corriente a la sociedad en la que vivimos. Queremos tener el último smartphone porque es lo que tienen los demás, cómo no vamos a tenerlo y ser algo así como… los bichos raros del grupo; lo mismo con las redes sociales; todavía recuerdo cuando utilizaba Messenger para quedar con mis amigos un sábado por la noche, y no hace tanto de eso. Al principio fui muy reacio a abrir una cuenta en Facebook, y aguanté bastante, pero al final sucumbí y ahora soy de los que más tonterías publica en su muro a diario. Twitter todavía no me ha calado hondo, pero todo se andará.

Al final, cuando uno se para a pensar se da cuenta de que ninguna de esas cosas son imprescindibles para vivir, ni siquiera son caprichos que hayamos tenido, como tomar helado de postre o un viernes noche de póker; es simplemente… necesidades que no teníamos y que otros nos han creado.

Todavía recuerdo cuando salió el primer iPad. Todo eran críticas: que menudo cachivache grande, que no es manejable, que ahora sí que Steve Jobs se ha vuelto loco, que menuda pifia… hoy día el uso de una tablet está casi tan extendido como el del teléfono móvil.

Pero si nos paramos a pensar un poco: ¿realmente yo necesito comprarme un Audi R8? Con lo que consumirá de gasolina… ¡qué más da que tenga 200 CV si no puedo pasar de 120Km/h en las autovías! ¿Y los pisos? La cantidad de gente que se ha arruinado y empeñado por intentar pagar viviendas que no se podía permitir… vale que la culpa la tienen los bancos, pero… ¿es que no tenemos cabeza? Si me ofrecen un piso por 100.000€ y no tengo ni siquiera la quinta parte de esa cantidad, pero el banco me financia a cómodos plazos a pagar en 30 años… ¿quién es el imbécil que lo acepta? Nuevamente quiero pensar que nos dejamos llevar por corrientes: en este país estamos acostumbrados a vivir en nuestras propias viviendas, eso de vivir de alquiler y pagar por algo que no es nuestro no acabamos de entenderlo bien pero… hijo mío, si pagas una hipoteca de 100.000€ en 30 años, el piso no es tuyo, ¡es del banco!

Mirad, si yo mañana mismo tuviera que hacer las maletas y reemprender mi vida en otro sitio, no tendría ninguna atadura. Pensad en esto: si estuviera pagando una casa, un piso, si tuviera hijos… ya no podría hacer lo que quisiera, ya no podría viajar, vivir en otro país, empezar de nuevo, porque existen cosas que me atan a mi hogar actual. Eso ocurre con mucha gente que se ha quedado en el paro: no puede buscar trabajo en otra ciudad porque ello implicaría comprar piso o alquilar en esa otra ciudad… ¡y en su ciudad de residencia actual YA está pagando una hipoteca! ¿Pero es que no nos damos cuenta? ¿Realmente nos hace todo esto felices? ¿Es que la gente no se da cuenta de que ya pagamos suficientes impuestos como para encima regalar dinero a los que ya tienen mucho?

Qué propongo, ¿la desobediencia? ¡No! La inteligencia:

  • Si te hace tanta ilusión conducir un deportivo, ¿por qué no lo alquilas un fin de semana y te desquitas? Y el resto del año te mueves en tu utilitario que consume 4 litros a los 100 km y acelera razonablemente bien y es suficientemente seguro.
  • Si te apetece vivir en un chalet con vistas a la sierra, ¿por qué no lo alquilas durante un año? Total, hoy día además las viviendas se hacen deprisa y corriendo, y no es raro encontrar viviendas nuevas con grietas y defectos de fontanería al cabo de un par de años, por culpa de manos torpes y presupuestos más aún. ¿No sería más cómodo directamente cambiar de casa cuando eso ocurra?

En todo caso, deberíamos plantearnos muy seriamente qué nos hace felices; no hablo de no darnos caprichos, sino que cada vez que tengamos un capricho nos planteemos seriamente si ese capricho ha salido de nuestra cabeza o de la de un publicista.

Pues eso, que veréis si al final me compro una tablet. ¡Anda que no! ¡Para fardar con mis conocidos!

Los números de 2012

Los números de 2012: un año que comenzó con un blog casi abandonado y que en el último tercio del año se recuperó hasta tener más visitas que nunca en algunas fechas concretas gracias a algunos artículos:

Aquí hay un extracto:

4,329 films were submitted to the 2012 Cannes Film Festival. This blog had 19.000 views in 2012. If each view were a film, this blog would power 4 Film Festivals

Haz click para ver el reporte completo.

Encuentros futuros

Será un 27 de diciembre de 2012. Yo estaré ansioso por su llegada, llevaré horas esperando en algún banco sentado de la terminal del aeropuerto, pensando en cuánto más tardará en llegar. Estaré pensando en mis cosas, mirando el reloj cada minuto, jugueteando con el teléfono, mirando a las personas que pasen por delante de mí.

Y entonces aparecerá. Y yo no sabré cómo reaccionar. Al principio no reparará en mi presencia, avanzará dubitativa por la gran sala buscándome con la mirada. Y yo no sabré si sonreír o quedarme pasmado mirándola. Entonces por fin me verá, sonreirá y avanzará hacia mí, conteniendo las ganas de echar a correr. Y yo, sentado, las manos paralelas a mis piernas, agarrando el borde del asiento del banco, me agarraré con más fuerza y me morderé el labio hasta hacerme daño, por contenerme y no echar a correr hacia ella.

Y por fin, con un gesto entre la duda y el nerviosismo, me incorporaré, sentiré mis pies clavados al suelo, incapaces de moverse ni un sólo milímetro, y esperaré a que me alcance.

Entonces nos fundiremos en un beso que durará una eternidad, el tiempo y el espacio se arremolinarán a nuestro alrededor hasta desaparecer, perderemos la sensación de gravidez, nos transportaremos a un lugar inexplorado del universo en el cual nada más existe y nada más que ella y yo tendrá importancia. Despegaremos nuestros labios y nos miraremos a los ojos largamente. Acariciaré su pelo negro azabache y su piel morena y ella sonreirá. Me fijaré en cada lunar de su rostro, los estudiaré sonriendo y ella apartará su mirada, azorada. Su timidez. Entonces yo sostendré su mentón, alzaré su rostro y volveré a besarla, y estudiaré cada milímetro de su piel. Primero con los ojos, después con la yema de los dedos.

Después repararemos en dónde estamos y el hechizo se romperá. Retornaremos a la Tierra, volveremos a escuchar a la gente pasar, las ruedas de las maletas deslizándose por el suelo de la terminal. Y saldremos del aeropuerto. Nos montaremos en mi coche y estaremos listos para disfrutar de los 50 días más felices de mi vida.


Esto lógicamente aún no ha pasado. Pero así es como se lo contaré a nuestros nietos dentro de cuarenta años. Estoy seguro de que lo único que cambiará en este relato será el tiempo, de futuro a pasado.

Silencios

Tarde de domingo. Verano, es julio y la mayoría de la gente, el que todavía se lo puede permitir, aprovecha el buen tiempo para salir fuera. A donde sea, la cosa es huir de la espantosa ciudad. Como si dejando atrás la cuidad pudiéramos también dejar atrás nuestros problemas diarios. Es igual, escapar es bueno, de vez en cuando el cuerpo pide salir de la rutina que por otra parte marca un ritmo saludable, para caer en el caos, los horarios cambiados, los niños gritando por la mañana y posiblemente trayendo alguna que otra pata quebrada, como dice mi madre.

Y sin embargo, ahora la ciudad es paz. Tranquilidad. Ahora es cuando mejor se respira, porque la ciudad desprende silencio por todos sus poros.

El ser humano se ha acostumbrado de tal manera al bullicio, las prisas, el estrés y el ruido que ha olvidado lo que es disfrutar de un buen trago de silencio. Supongo que lo que ocurre es que el silencio ayuda a pensar, a reflexionar; y eso, lejos de producirnos placer, nos genera una sensación de intranquilidad. Pensar no es bueno porque te pone triste, porque te hace darte cuenta de lo miserable que es tu existencia, o de lo sólo que estás en el mundo. O te vuelve nostálgico, porque el silencio te hace recordar tiempos pasados.

Yo creo que esto no tiene por qué ser cierto. El silencio es una ventana a la reflexión, sí, pero no de una forma negativa necesariamente. Es como una pausa entre dos intervalos de distracción: hablas, escuchas, ves la tele, trabajas, juegas… y de repente, paras. Y piensas… en lo que sea: en planes para el futuro próximo, en que tienes que hacer una lavadora, ir al médico, llamar a tus padres o sacar la basura.

Todo eso está bien, pero a mí me gusta más cuando el silencio induce a la reflexión, a lo que en ingeniería llamamos ‘retrospectiva’. Es como si después de andar un camino cada vez más largo de repente paras, levantas la cabeza, te giras hacia atrás y observas el camino recorrido. Y disfrutas, porque es un camino cada vez más largo y más rico, porque has atravesado sendas desérticas y parajes inolvidables, prados verdes, campos de trigo, de estío y de abundancia. Y todo te llena, todo te hace más fuerte y más sabio. Te das cuenta de que bueno o malo, lo recorrido te prepara mejor para lo que vendrá en el futuro. Y sonríes.

Mi madre suele decir que cada vez hablo menos, que de pequeño no hacía más que rajar. Es cierto, noto que me pasa con todo el mundo. Es sólo que cuando no tengo nada que decir, no lo digo, y disfruto de mi pausa entre dos intervalos de bullicio. Entonces me doy cuenta de que la mayoría de los seres humanos se sienten incómodos ante el silencio, y busco alguna tontería que soltar, para que el otro no se sienta incómodo. Seguramente sea un tipo raro, sin duda debo de serlo, pero encuentro los silencios particularmente reconfortantes, y desde luego nada incómodos, aunque es cierto que depende de la situación.

Lo que quiero decir con todo esto es que no es bueno ir como un borrico hacia adelante, intentando conseguir la zanahoria que nos han puesto delante y que nunca llegamos a alcanzar. Es bueno tener un objetivo, pero también es bueno en algunos momentos dejar de pintar, alejarnos unos metros y observar con cierta distancia y perspectiva el aspecto que va tomando nuestra obra en el lienzo de la vida.