Encuentros futuros

Será un 27 de diciembre de 2012. Yo estaré ansioso por su llegada, llevaré horas esperando en algún banco sentado de la terminal del aeropuerto, pensando en cuánto más tardará en llegar. Estaré pensando en mis cosas, mirando el reloj cada minuto, jugueteando con el teléfono, mirando a las personas que pasen por delante de mí.

Y entonces aparecerá. Y yo no sabré cómo reaccionar. Al principio no reparará en mi presencia, avanzará dubitativa por la gran sala buscándome con la mirada. Y yo no sabré si sonreír o quedarme pasmado mirándola. Entonces por fin me verá, sonreirá y avanzará hacia mí, conteniendo las ganas de echar a correr. Y yo, sentado, las manos paralelas a mis piernas, agarrando el borde del asiento del banco, me agarraré con más fuerza y me morderé el labio hasta hacerme daño, por contenerme y no echar a correr hacia ella.

Y por fin, con un gesto entre la duda y el nerviosismo, me incorporaré, sentiré mis pies clavados al suelo, incapaces de moverse ni un sólo milímetro, y esperaré a que me alcance.

Entonces nos fundiremos en un beso que durará una eternidad, el tiempo y el espacio se arremolinarán a nuestro alrededor hasta desaparecer, perderemos la sensación de gravidez, nos transportaremos a un lugar inexplorado del universo en el cual nada más existe y nada más que ella y yo tendrá importancia. Despegaremos nuestros labios y nos miraremos a los ojos largamente. Acariciaré su pelo negro azabache y su piel morena y ella sonreirá. Me fijaré en cada lunar de su rostro, los estudiaré sonriendo y ella apartará su mirada, azorada. Su timidez. Entonces yo sostendré su mentón, alzaré su rostro y volveré a besarla, y estudiaré cada milímetro de su piel. Primero con los ojos, después con la yema de los dedos.

Después repararemos en dónde estamos y el hechizo se romperá. Retornaremos a la Tierra, volveremos a escuchar a la gente pasar, las ruedas de las maletas deslizándose por el suelo de la terminal. Y saldremos del aeropuerto. Nos montaremos en mi coche y estaremos listos para disfrutar de los 50 días más felices de mi vida.


Esto lógicamente aún no ha pasado. Pero así es como se lo contaré a nuestros nietos dentro de cuarenta años. Estoy seguro de que lo único que cambiará en este relato será el tiempo, de futuro a pasado.

Un pensamiento en “Encuentros futuros

  1. He visto cada palabra como en una película. Y me he sentido afortunada de que mi tiempo de espera sea un poco más corto. Él vendrá, y yo lo espero por segundos del lado de acá. Salú, por esos días felices que se ansían!

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