Toros y cabestros

Sobre el asunto este de los toros, los encierros, las corridas y la fiesta nacional nunca me ha gustado pronuciarme ni a favor ni en contra, porque tengo dos opiniones contrarias y ninguna de las dos tiene más fuerza que la otra, con lo cual cuando alguien me habla sobre una u otra opinión yo siempre tengo respuesta para complacerle.

A favor…

Digamos que es una tradición de muchos años, que da de comer a mucha gente y que, de algún modo sí se ensalza la figura del toro; figura que, junto con el caballo, ha sido probablemente la más representada en las obras de arte de este país. Además de que el toro que es indultado se da la vida padre, que ya quisiera yo.

Por otro lado todos los animales que comemos diariamente mueren más o menos salvajemente en los mataderos, y si no sólo tenemos que visitar alguno. Y nadie se queja por ello cuando come un buen chuletón de ternera. A mí de pequeño me daba mucha pena oír cómo chillaba el cerdo de la matanza cuando le clavaban el cuchillo en la garganta, pero bien que luego me comía los chorizos, los jamones, el lomo y todo lo demás.

Hay quien entiende esto del toreo como un arte; supongo que eso del enfrentamiento del hombre contra el toro tiene su aquél, la valentía y todo lo demás. No sé, a mí particularmente nunca me gustaron los toros, me pareció un espectáculo aburrido donde los haya, pero si alguien lo entiende como algo artístico, pues sea.

… y en contra

Sin embargo, no puedo evitar señalar que es un poco macabro que en estos días todavía sigamos haciendo sufrir animales por las buenas; cojones tiene la cosa que para enaltecer a un animal haya que torturarlo hasta la muerte, y volviendo al tema de las tradiciones, que me den un buen vino de Ribera de Duero.

Además, quitando los concursos de cortes, donde no se daña al toro y donde realmente considero que se enfrenta el hombre al toro en igualdad de condiciones, en la mayoría de las fiestas populares y corridas se maltrata al animal de forma salvaje y desproporcionada.

Tampoco me parece correcto comparar la muerte de un animal del que luego nos vamos a alimentar con la muerte de un animal para satisfacer el divertimento psicópata y macabro de más de uno; que no nos demos cuenta de ello porque lo tenemos tan asumido en nuestra vida diaria como el alcohol o el tabaco no significa que no sea así.

¿Conclusiones?

Mi conclusión es que no tengo conclusión. Que si no hay acuerdo unánime sobre qué habría que hacer al respecto creo que lo mejor es dejar las cosas como están y no tocar la moral al personal. Opino que está muy bien que haya gente que luche por abolir esta tradición tan arraigada en nuestro país, que haya gente que esté ojo avizor con el trato que se da a los animales y ponga voz y denuncia a todas las injusticias que se hacen en este país. Creo que es necesario y su falta de estas opiniones sería síntoma inequívoco de una democracia enferma.

Al final, si no hay consenso, dejemos actuar al tiempo; en el Imperio Romano la gente iba a ver cómo los gladiadores morían en un circo, luchando contra otras personas o animales; si ahora en los circos hay payasos y funambulistas es todo lo que hemos ganado; creo que, con el tiempo, esta forma de diversión irá decayendo y quedándose en el olvido, y quién sabe, quizá dentro de unos años en las plazas de toros haya… espectáculos de magia.

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