Inventos de hoy y de mañana

En esta sociedad del futuro, de la innovación, de la tecnología y las comunicaciones, de los viajes espaciales y la biología molecular, de los truños de realities y de los programas del corazón, nadie se atreve a hablar de aquellos nichos de la vida en los cuales poco o nada hemos avanzado en los últimos años. ¿Miedo?, ¿conspiración de los gobiernos poderosos? ¿manipulación de los medios? ¿a qué huelen las nubes? ¿qué hace un funcionario en vacaciones? ¿trabajar?

Bien, pues a pesar de todas estas preguntas, para las que lógicamente no tengo respuesta, faltaría más, trataré de ahondar en aquellos aspectos en los que creo que no hemos avanzado mucho, o para que me entiendan mejor: hemos progresado más bien poco.

Podríamos comenzar por los inventos inútiles, como por ejemplo el bidé. El bidé, como todo el mundo sabe, sirve para dejar la ropa sucia y para que las putas te laven la polla antes de chuparla. Porque serán putas pero la higiene es la higiene. Si tienes en casa un bidé y no lo usas con estos fines es que no tienes ni idea de para qué sirve un bidé. Pregunta al fabricante.

Otro invento inútil son los juegos que vienen con la TDT. Ya jode que te tengas que comprar una puta mierda de telar para ver la tele como para que encima incluyan juegos cutres, con intensos colores que dañan la retina y que encima son más viejos que Anita Obregón. ¿Realmente alguien ha encendido la tele alguna vez y se ha puesto a jugar al tetris o al bricks con la TDT? ¿En serio?

Uno más: los pañitos de punto de cruz. Tela con éstos (jo, si no hago un chiste fácil reviento). Son decorativos, son bonitos, dan un toque de personalidad… acumulan polvo y recuerdan a las cutre-pelis de Almodóvar. Que luego vas a quitar el pañito para limpiar y ves el dibujo perfectamente impreso debajo, con el polvo que se ha colado por los huecos. Qué bonito.

Entre los inventos que directamente son timos están los crecepelos y tratamientos anticaída. Vamos a ver: si se trata de un asunto genético y que te dicen que no se puede evitar, aunque sí ralentizar a base de dejarte los dineros y echarte ridículos potingues en el pelo, si los dermatólogos dicen que todo eso es un timo, ¿cómo va a funcionar? Vamos a explicarlo con un sencillo ejemplo que todo el mundo entenderá: si Zidane está calvo con la de pasta que ha ganado durante su proceso de caída del cabello, ¿cómo coño va a existir un invento para evitar la calvicie?

Más inventos chorras: los post-it. Esa maravilla de papel que sirve para escribir cosas, pegarlas en un sitio visible y de este modo no se te olvide recoger los niños del colegio. Hasta aquí todo bien salvo por un pequeño detalle. No pegan. Simplemente no pegan. Tú lo dejas en el monitor, te das la vuelta y el puto papelito ya no está ahí; está caído sobre la mesa. Y boca abajo, además, el muy cabrón, para que se te olvide el detalle. Y claro que se te olvida, porque llenas todo de post-it y no tienes forma de ver qué era importante y qué no. Lo metes en la cartera, lo dejas sobre la mesa y ahí se queda. Olvidado de la mano de Dios.

Finalmente están los abrefáciles de los tetra-brick. Qué invento el tetra-brick, oigan. Una maravilla de la ciencia y la tecnología. Un puto poliedro de cartón. Para meter cosas. Idealmente líquidos. Lo malo es sacarlas. Y ahí viene la fiesta: empezó siendo una línea de puntos, pintada sobre un fondo azul. Vale. Todos, de niños, cuando cogíamos un cartón de leche, buscábamos el dichoso rectangulito azul para levantar la solapa y cortar por la línea de puntos. ¿Somos idiotas o qué? ¿Qué pasa, que por el otro extremo del cartón era imposible cortar? No, es que la tijera se traba, es un extremo mágico y los fabricantes han hecho que por ahí no se pueda romper jamás… ¡Joder, que es un puto extremo pintado! Y encima con línea de puntos, para que sepas  por dónde hay que cortar, no vayas a ser imbécil y te salgas de la línea!

Lo malo es que la cosa no ha mejorado desde entonces. Ahora están los tapones con una fantástica anilla debajo. Lo más normal que te puede pasar es que tires de la anilla y te salpique unas gotitas, ¡uy, qué cosa más simpática!, en las zonas más inesperadas: el mantel, la mano, la camisa recién planchada, los pantalones recién traídos de la tintorería…

En el peor de los casos te pueden ocurrir tres cosas, a saber:

  1. Que la anilla se rompa y el puto cacho de papel Albal siga ahí, inmutable ante tu desesperación. Te toca recurrir a un cuchillo y cortar el cacho como buenamente puedas. Después quedarán restos de papel de plata ahí, asquerosos, y corres el riesgo de cortarte, claro. La vida es emoción, amigos.
  2. Que la anilla se estire, se estire… y nunca corte la tira de papel Albal. Esto te deja un poco perplejo, porque no sabes si seguir tirando y exponerte a decorar las paredes de la cocina de leche o recurrir nuevamente al cuchillo (véase punto 1).
  3. Que salga todo. Y cuando digo todo… es todo: anilla, papelito, soporte de plástico… todo. Esto normalmente acaba muy mal: con medio litro de leche en el mantel, en tu mano, por tu ropa… acaba con tu paciencia, te supera… y encima ahora no hay forma de verter la leche, porque el cartón está plano y se derramaría por todas partes… aquí tienes que recurrir a una jarra o algo…

Por otra parte están esos inventos que se echan de menos y que uno no se explica qué cojones ha hecho el ser humano hasta ahora para no haberlos inventado ya; como por ejemplo el aspirador silencioso. Se ha inventado el aspirador con agua, el que tiene un cable extralargo, el que aspira mogollón, incluso el que no lleva cables sino una batería de litio con autonomía de tres horas. De puta madre, oiga, pero: ¿y el silencioso? ¡Porque yo estoy hasta las narices de que los vecinos me despierten los fines de semana porque están pasando el aspirador! Un apaño (o workaround, que decimos los informáticos, para dejar perpleja a la peña) sería inventar un dispositivo que hiciera que el cacharrín no arranque los fines de semana. Y todos tan contentos. Una solución muy española, además: en vez de atajar directamente el problema y solucionarlo, poner un cacho de esparadrapo y todos tan contentos.

Otro invento que estaría muy bien sería el desodorante repelente de pelmazos. Por este pagaría yo dinero, porque a todos nos ha pasado que estás un sábado de fiesta medio borracho, con la media sonrisa en la boca, la copa en una mano, el cigarro en la otra… y te viene el típico colega pesao a contarte lo que le ha pasado el miércoles en el trabajo, o te filosofa al oído, te filosofa escupiendo saliva además, o te cuenta lo graciosa que es una peli que ha visto o un libro que ha leído… y como no es plan de utilizar un desodorante normal para apuntarle directamente a los ojos y salir corriendo mientras él se returce de dolor pues digo yo que estaría bien algo que simplemente le quitara las ganas de dar el coñazo.

Algún día dejaré todo lo que hago en la vida e inventaré alguna de estas maravillosas cosas que nos harían la vida un poco más fácil, y me forraré, y especularé, robaré y seré corrupto, cual político del PP. Y entonces, veremos quién se ríe.

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