El pintor de batallas, de A. Pérez-Reverte

En esta corta novela de algo menos de 300 páginas, poco para lo que Pérez-Reverte nos tiene acostumbrados, realizaremos un breve recorrido por algunas de las guerras de nuestra era moderna: Sierra Leona, Kuwait, y por supuesto Sarajevo, almacén de recuerdos y experiencias del propio autor, en su época de reportero de guerra.

La historia, de escaso argumento novelístico pero gran trasfondo documental, narra la historia de un fotógrafo de guerra retirado que se dedica a pintar un enorme mural en el cual trata de representar la Guerra. La Guerra con mayúsculas, la Guerra en general, la Guerra a través de los tiempos, desde Troya a los Balcanes, pasando por las guerras medievales. Matanzas, violaciones, vidas cercenadas por un objetivo que nunca queda lo suficientemente claro. Y la vida de este personaje da un vuelco cuando aparece un viejo objetivo del pasado, una foto, un retrato de un futuro crimen. Y junto a él, fantasmas del pasado. Recuerdos, vivencias, nostalgia y dolor, mucho dolor.

Es una novela dura, cruda, implacable, que muestra sin pudor alguno el horror de la guerra. A lo largo de sus capítulos, el autor nos sumerge, desde la perspectiva de un fotógrafo de guerra retirado, en los terribles acontecimientos vividos en una guerra. Edificios derruídos, destrucción por doquier, campos de concentración, mutilaciones, tortura, muerte y sangre; “¿cómo es posible que el cuerpo humano acumule tanta sangre? Cinco litros, dicen, ¿no?”

Los diálogos son más bien una excusa para compartir con el lector experiencias de guerra, pero sobre todo experiencias humanas. Del género humano, vaya. Ese género que siempre parece abocado a la autodestrucción. Es una novela de las que hacen reflexionar, de las que dan que pensar sobre nuestras acciones y el efecto de las mismas; nos hace pensar en que nadie en esta vida es expectador inocente; todos somos, queriendo o sin quererlo, víctimas y verdugos a la vez.

El estilo es un tanto complejo: no hay una diferenciación clara de párrafos, sino que la exposición es bastante contínua, y en los diálogos se mezcla estilo directo e indirecto de forma magistral. Ello le da mucho dinamismo a la lectura, y mucha naturalidad a los diálogos. Giros y frases largas y de construcción compleja nos revela la experiencia de este académico de las letras. En cuanto al desarrollo de la trama, la novela comienza aglutinando un conjunto borroso de bultos e imágenes que poco a poco se van revelando, hasta que, al final de la novela, la historia queda completamente nítida.

El pintor de batallas, una novela que nos muestra el monstruo que todo ser humano lleva dentro, y que salta cuando se nos presiona lo suficiente, cuando todo depende de sobrevivir o perecer.

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