Moby Dick

Por fin terminé esta novela de Herman Melville que me ha llevado meses terminar.
Lamentablemente tengo que decir que la excusa de semejante tardanza es lo tremendamente aburrida que me ha parecido. Y es que a veces los clásicos a veces son un tostón, por muy trascendentales que hayan sido después en la historia de la literatura. De este libro lo único que destaca, bajo mi ignorante punto de vista, es su enorme influencia en obras posteriores, destacando sobre todas ellas la de Ernest Hemingway, El viejo y el mar, una obrita que no va de policías y ladrones, códigos y da Vincis, sino de sentimientos, anhelos y metas que uno se impone en la vida; cómo se lucha por llegar a dichas metas, y cómo a veces todo se acaba yendo a la mierda.

Comencé precisamente a leer esta obra por el enorme poder que ha tenido sobre obras posteriores, el omnipresente personaje de Ahab (¿quizá un juego de palabras con el rey Acab, uno de los muchos pérfidos reyes hebreos que surgieron tras la época dorada del rey David y su hijo, Salomón?) como el del viejo chiflado, pero un chiflado peligroso, pues arrastra al resto de la tripulación del Pequod a su trágico destino, del cual un marinero poco más que grumete, Ismael, reflejo del propio autor, se salva. La intención es buena, pero el libro se convierte en un tostón de casi quinientas páginas y cientoveinticinco capítulos en los cuales se explica las diferencias entre la ballena y el cachalote, su caza, su fisonomía,  su comportamiento y hasta la forma que tiene el chorro de agua que emite de su válvula dorsal; encuentros con otros barcos balleneros, tradiciones balleneras en otros países y demás eventos sin la mayor relevancia.

Si algo positivo de ello saco es que he aprendido cómo se cazaban ballenas en la época; probablemente no me vaya nunca a sacar de un apuro, y tampoco te importe un comino, amable lector, pero te vas a joder y te lo voy a contar: resulta que no se lanzaban arponazos desde el propio barco ballenero, como pensaba yo, sino que cuando se avistaba una ballena se bajaban unos botes empujados por un grupo de remeros, liderados por un piloto que dirigía el remo de timón y exhortaba al resto, y uno o dos arponeros. Los arpones, por tanto, se lanzaban desde los propios botes, e iban atados con una cuerda cuyo otro extremo iba a parar al propio bote, de manera que una vez el arpón alcanzaba al animal, éste remolcaba al bote durante unos cuantos cientos de metros hasta que finalmente moría. Tras su muerte el animal flotaba, y la tripulación esperaba al barco ballenero para poder remolcar e izar el enorme bicho al barco, como buenamente podían, para evitar lo que de otro modo sería un festín de tiburones.
Como se puede imaginar, cada fase de la caza de la ballena era tremendamente complicada y arriesgada, desde remar a más no poder para alcanzar al titánido marino, sin olvidar el peligro de remar entre tiburones que solían circundar por tales lares, mordisqueando los remos en ocasiones, como ofrecer una buena posición desde el bote para que el arponero pueda atacar a su presa, sin olvidar los posibles coletazos del animal que en innumerables ocasiones acababa con más de un marinero nadando entre tiburones o con el bote partido en dos. Después había que descuartizarlo en cubierta, con la bestia levantada por una especie de grúa, mientras un marinero experimentado desollaba al animal sujeto en vilo por una cuerda enrollada alrededor de su cuerpo que era sujetada por otro marinero en cubierta, el cual, a su vez tenía la cuerda enrollada a su cintura. Si la polea fallaba, los dos acababan en el mar, desdedonde tendrían seguramente el placer de nadar entre tiburones, siempre presentes ante la sangre y la carroña. De este modo se aseguraban que cada uno hiciera su cometido con la mayor presteza posible y no se le ocurriera hacer el gracioso.

Sin embargo, a pesar de que el hilo argumental es lento a más no poder, hay otra cosa a destacar del libro, aparte de lo que he aprendido sobre el mundo marino: los tres últimos capítulos: “La caza, primer día“, “La caza, segundo día” y “La caza, tercer día“, donde por fin la acción se desencadena cual vehículo de carreras sin frenos, sucediéndose todo el meollo de la novela vertiginosamente, magistralmente, en un cúmulo de descripciones que nos transporta mágicamente al lugar, a sentir lo que los personajes sienten, arrepentimientos, miedos, osadías, valentías, respeto y muerte. Para un lector que desee conocer la obra, realmente no tiene más que leer estos tres últimos capítulos. No conocerá a los personajes, pero creo que no será un inconveniente demasiado importante. Merece la pena realmente leer estos tres últimos capítulos porque vienen a significar, realmente, por qué Moby Dick está entre los grandes clásicos.

Por cierto, una nota para la gente de Edicomunicación S.A.: revisen mínimamente sus publicaciones, hablen con la traductora responsable o con quien sea; es rotundamente inaceptable que un libro de menos de 500 páginas tenga más de 3000 erratas, algunas sin sentido en absoluto. Lamentable.

10 pensamientos en “Moby Dick

  1. Coincido en que me pareció un tostón, precio excesivo para relatar la historia atormentada de Ahab.

    Me resulta curioso que la cita que más me llamó la atención de este libro es poco comenta, que cito de memoria
    “¿Qué importa que algún capitán me ordene coger la escoba y barrer la cubierta?¿Quién no es un esclavo? Decídmelo.”

  2. Para nada de acuerdo justamente hacer este pedazo de novelon simplemente contando como se cazan las ballenas es una de las razones para que sea una obra maestra.

  3. Algo aventurado el juzgar a esta obra con tal ligereza, si solo se busca el entretenimiento es mas fácil encontrarlo en otras actividades y dejar la lectura de los clásicos a mentalidades mas reflexivas, aún asi se agradece la reseña y esperemos que no aleje a muchos de esta extraordinaria lectura.

  4. Debe de estar de moda decir que Moby Dick es un tostón porque ya lo he escuchado más de una vez últimamente, la verdad es que dice muy poco de los gustos del público hoy en día. Moby Dick es una enciclopedia del saber y si alguien quiere que sucedan cosas vertiginosamente a cada momento que se compre un videojuego.

  5. Me parece que el sr. que hace la critica, deberia dediacarse a otra cosa. Si algo no es esta obra maravillosa es justamente : aburrida!.
    La lei a los 12 años de edad, ya que era muy traviesa en el colegio y me mandaban a pasar largas penitencias a la biblioteca, por considerarlo el lugar mas aburrido de la escuela, y asi lei desde muy temprana edad, Y debo decir que Moby Dick y Los viajes de gulliver, siempre fueron mis preferidos . Hasta hoy que ya cumpli 45 años. El sr que hizo la critica haria bien en ponerse un comercio…una ferreteria o algo asi.

  6. Gracias a todos por las críticas a este artículo. Sabía que iba a suscitar polémica y por eso estoy encantado de incluir todas las opiniones.

    No sé, amigos, a mí me pareció un tostón como novela, muy educativo en el mundo del mar por otra parte, eso sí.

    Aun así me hace gracia el último comentario de Alejandra: si considera que no tengo ni idea de literatura (y probablemente tiene toda la razón) no sé por qué me recomienda montar un comercio o una ferretería… Alejandra, por favor, no insultes a los que profesan tan honrada profesión aconsejando a un inútil como yo dedicarme a ello; además, puede que entre las personas que se dedican a dichos gremios haya excelentes críticos literarios.

  7. si no te ha gustado, no te obsesiones; a cada uno le parecen buenas unas novelas y otras no. Qué quieres que te diga, eso de “oooohhh, cómo puedes decir eso de tal obra o de fulano o de mengano” no es algo muy aconsejable, creo.

    si no te ha gustado, en definitiva, prueba con otro autor. Quizás te guste. Ahí está la gracia de la lectura.

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