De artistas, cantantes y cantamañanas

La última polémica de este Gobierno que tantas polémicas suscita en la Red y tantas líneas me permite rellenar en este blog (gracias, Presi), está en los derechos de autor e Internet. Bueno, no es la última ya que está el caso Haidar al que quizá dedique otras cuantas líneas, pero hoy hay otros pitos que tocar.

Al margen de manifestaciones, gente en la calle, un sinfín de blogs y portales publicando un manifiesto al cual apoyo y demás escándalos, fue realmente impresionante ver a una pandilla de vagos de abrigo de bisón y chalé en la Moraleja diciendo que “se mueren de hambre”. Con la que está cayendo. Familias en paro, hipotecas, créditos, deudas, EREs y demás temario y cuatro muerdealmohadas se quejan de que “se mueren de hambre”… escuece sólo oirlo.

Quizá es que cuando se lleva un modelo de vida en el cual los lujos están a la orden del día, ir al spá, a la sauna, bañarse en la piscina, tomar baños de rayos UVA y daiquiris varios, resulta que cuando vienen mal dadas y hay que comprar yogures de Hacendado jode un montón. Yo les comprendo, señores “artistas”, su “arte” vale mucho, mucho más que los cuadros de Picasso, Van Gogh, Goya o Sorolla. Ellos no cobrando por cada foto que aparece en los libros de arte, ni por los muchos cuadros que se han inspirado en aquellas magistrales obras, pero es que no les llegan a ustedes ni a la suela de los zapatos; donde esté un “uyuy mi gato hace uyuyuyuyuyy” de Rosario Flores que se quite Dalí, Mozart y la Filarmónica de Berlín.

De hecho, deberían patentar dichas expresiones y de este modo, cada vez que alguien diga “uyuyuy”, “depende” o “tengo el corazón partío” les pague a ustedes un plus. Qué coño, deberíamos pagarles un plus en cualquier caso, porque aunque no lo digamos, seguro que lo hemos pensado, que la gente es mú mala. Cada vez que un grupo componga una sola canción en la que algún acorde recuerde a alguna tonadilla de Bunbury, debería pagarle a éste un… un momento, no, bueno, esto mejor no, que Bunbury ya tiene sus propias fuentes de inspiración, perdone usted, Enrique.

El caso de Bunbury me jode profundamente, porque todavía recuerdo oírle aquello de “la piratería y las descargas no acabarán nunca con la música; acabarán con la industria discográfica, que es muy distinto; pero puede retornarse a algo como lo que ocurría con los juglares en la Edad Media, a la música en vivo, que al fin y al cabo es la música de verdad, y es donde de verdad se ve si un músico vale o no vale”. No voy a citar la fuente porque la desconozco, y este texto no es exactamente como lo dijo, pero les puedo asegurar que dijo semejante belleza. Y ahora apoya a sus coleguis de compaña. No sé si es por apoyar a un amigo en estos duros momentos de profunda demagogia (artistas comunistas reconvertidos al más puro capitalismo-socialismo) o es que este tipo es un redomado hipócrita. De verdad que me jode hacer una crítica tan insultante de alguien a quien admiro musicalmente, pero es que lo que no está bien, no está bien. Y hay mucho músico por ahí que ante su público dice una cosa y luego actúa de forma muy diferente.

Pero vamos al meollo, porque al final se está consiguiendo lo que todo político desea, ya veo a ZP y a Rajoy frotándose las manos: que la sociedad se enfrente entre sí. Cuando a un hombre lo presionan, éste se rebela, y no dudo que los artistas estén presionados, en ningún modo. La puta demagogia que vivimos día a día hace que las víctimas de nuestras preocupaciones seamos nosotros mismos, o nuestro prójimo si se me entiende mejor, y nos demos de hostias en cruel guerra civil en lugar de buscar a los auténticos responsables: políticos y empresarios capitalistas que se forran a costa del talento de otros.

Y lo que ocurre es que Internet (de momento y gracias a Dios) es libre de todo esto. Internet nos hará libres, muchachos. Internet no entiende de capitalismos, demagogias y otra cosa que no sea libertad de expresión. Por ello Internet les toca tanto la moral a esos empresarios de Montecristo en ristre y Longines en muñeca. Y la consecuencia de nuestra rebelación, de nuestra lucha por la libertad la pagaremos nosotros, en forma de cánones y leyes que se basan en dar leña al ciudadano y limitar su libre albedrío.

Que no, señora Sinde, que no voy a ir a ver ni una puñetera bazofia que se llama cine español en el cual sólo se ven tetas y culos sin argumento y sin sentido, que no quiero ver esa porquería ni gratis, películas subvencionadas que en el mejor de los casos han llegado a las carteleras y en el peor de los casos no han llegado ni a rodarse (¿dónde está la pasta de la subvención, entonces?); esto ocurre por vivir en un país en el que se premia la imbecilidad en lugar de la excelencia; hártense a Goyas hasta que les salgan por las orejas, otórgense premios los unos a los otros, cuélguense medallas, métanselas por donde les quepan. Ahora bien, no nos tomen por idiotas, joder.

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