Medidas

Desde que el hombre es hombre (y la mujer, mujer) no se por qué coño le dio por medir las cosas. Qué llorera, leche. Que si el peso, el volumen, el dinero… pero lo que yo creo que surgió primero fue la longitud. Indiscutiblemente. Sobre todo si tenemos en cuenta que en la Edad de Piedra todos íbamos en pelotas y la mayoría de científicos primitivos eran hombres. Claro. Ya por entonces prometíamos. Imagínense qué papelón: establecer la unidad. Porque vamos a ver: ¿quién dijo que un cacho así… bueno, más o menos así… era precisamente y exactamente un metro? Recordemos que eran hombres… oh, qué exageración, nadie la tiene tan grande… ¡recordemos de nuevo que eran hombres! ¡Y tenían colegas! Porque ya el hombre, por aquel entonces, era un ser social. A base de gruñidos y sonidos guturales, pero social. ¿Lo dudan? Además, el hombre no ha cambiado tanto desde entonces. Y si no quítenle el teléfono móvil a un chavalín y entren en la lista de mensajes enviados. ¡Qué! ¿jeroglíficos egipcios? ¿pinturas rupestres? ¡mariconadas! niños “q kdan n l park a ls 8 xa dar x l (( y azr btyn” y graffiteros baratos que escriben su nombre por ahí: “el rulas”, “el xilli”, “Mari x Jose”…

Volviendo al asunto… otra de las cosas que nos gusta mucho es comparar. Desde chicuelos, y no me digan que no: todos hemos meado juntos y siempre estaban las miraditas y las risitas picaruelas… lo que no entiendo muy bien es por qué siempre esas risitas iban acompañadas de las miraditas hacia mí.
Y juntábamos fuerzas, escribíamos nuestro nombre… recuerdo que tenía un amigo que escribía mejor su nombre en el suelo con el pis de su miembro que con la mano en el papel. ¡Qué caligrafía! ¡qué trazos iban y venían! ¡un artistazo! Y comparar está mal, amigos, ¿acaso no lo sabían? está muy mal; sobre todo si sales perdiendo tú.

De hecho, el metro es en realidad comparar con respecto a un patrón. ¡Imagínense ahora que llevamos toda la vida comparando cosas de todo tipo con respecto a la polla de un neandertal exagerada delante de sus amigotes!

– ¿Y cuánto hay de Valladolid a Madrid?
– Pues… unas 250.000 pollas neandertales.
– Ahhh… bueno, son unas dos horas y media, yendo a unas 100.000 pollas por hora, claro (que da la sensación de ir… a toda hostia).

Y del metro sale el metro cuadrado. Oséase: una polla cuadrada, de 1 por 1. Que vaya capacidad de aforo tenían las mujeres neandertales, digo yo. Eso sí: una polla cuadrada pero planita. Y se utiliza para medir superficies. Pero eso ya es una medida totalmente obsoleta. Yo ya hace mucho que no mido en metros cuadrados, ni en hectáreas… es como la peseta: está caduca. A mí… háblame en campos de fútbol. Eso sí.

Oye, es que te dan una medida en campos de fútbol y como que ya… te haces una idea mental mucho más precisa, ¿no? Y no vale ni de tenis ni de baloncesto: de fútbol, sí señor… A lo mejor les parece una barbaridad, pero si ven en la tele cualquier cosa… es que absolutamente todo lo comparan con campos de fútbol, oiga… ¿cómo voy a saber yo, a estas alturas, lo que es una puñetera hectárea? ¿Pero de cuántos campos de fútbol se compone una hectárea? ¡Si no no me hago una idea!

Y eso es todo. Esas son las medidas que molan. Luego están medidas que dan risa, medidas para todo: que si voltios, que si faradios, que si ohmios, que si pascales… y todo porque llevan el nombre de la persona que los inventó. ¿Ves? ¿Y por qué no existe una medida para… qué sé yo, la tontería? Y la medida oficial en el Sistema Internacional sería los belenestébanes… ¿eh? ¡anda que no mola! ¿Y la medida oficial de tener jeta? ¡el dinio! ¡Si le pega perfectamente! Lo estoy viendo, las mujeres en la charcutería:

– Póngame medio dinio de morro de cerdo, por favor.
– Pues hoy lo traigo fresquísimo y riquísimo, señora.
– A mí me ponga dos dinios, entonces.
– Vaya atracón se va a pegar, señora.
– Es que hoy vienen los hijos y las nueras a comer…

¿Y el del hijoputismo? Bueno, ahí habría muchas discrepancias, porque las propuestas serían bastante numerosas. Habría que hacer varios estándares, como el del Sistema Internacional y el sistema inglés de medida; que hay que ver estos hijos de la Gran Bretaña, mira que les gusta llevar la contraria y tocar las narices, ¿eh? Tienen que medir en pulgadas (qué quieren, los ingleses neandertales la tenían más pequeña), en yardas (ya les gustaría a ellos), en pies (como la tenían pequeña… se la fueron a mirar y no vieron más que pies, claro, no había obstáculos enmedio…)

Hay otros tipos de medidas, como las temporales. Por ejemplo, están los segundos, los minutos… los meses… Un niño, sin ir más lejos, está 9 meses metido en la barriguita de su mamá. Y qué de puta madre se está, ¿eh? ¿Cuántos hoy mismo desaríamos meternos de nuevo por el chismín de alguna? Aunque bueno, lo de los 9 meses es un poco relativo, vamos, digo yo, porque en mi curro hay una mujer embarazada con un panzón de por lo menos 11 meses… el muy pájaro no querrá salir… ya ves, tonto el pequeñuelo…

Y para terminar, ¿qué pasa con las medidas monetarias? Toda la puta vida con las pesetas y nos pasan al euro… ¿total para qué? pa subirnos los precios injustificadamente. Y ahora que hay crisis, ni te cuento. No se puede ni salir de vacaciones. Sólo con ir a repostar ya te dan ganas de meterte en un zulo (con z, mal pensados) y no salir en todo el verano. Que parece que más que llevar un depósito de gasolina llevamos una caja fuerte dentro del coche. Ni gasolina ni nada, yo le meto dentro las joyas. Y le voy a poner una combinación secreta. Que estoy viendo que voy una mañana a trabajar y algún listo me ha trincado la gasofa con una gomita.

Que es que está la cosa mu malita, hombre… hoy mismo oí en el telediario… ¡qué pasa!, ¡que también me importan las noticias de economía, hombre! Bueno, en realidad es que no había otra cosa, porque la hora del telediario es el momento del día más inútil para hacer zapping…
Bueno, pues estaba viendo el telediario, y decían que el gobierno norteamericano (los hijos de la Gran América) habían puesto 100 mil millones de dólares de bote, vamos, del bote de todos los ciudadanos (y ciudadanas no me vayan a llamar machista y nazi) para evitar que una importante empresa financiera quebrara y mandara al carajo toda la economía estatal y mundial y universal y evitar que a todos nos reventara el culo a estornudos. Y yo lo primero que hice fue acojonarme: ¡100 mil millones de dólares! Aunque luego pensé: ¡Pero cuánto es eso! Y la tía que contaba el reportaje narraba que era el equivalente al gasto de la guerra de Irak por tres años. Pues bien. Sigo en las mismas. A ver: ¿eso, en campos de fútbol… cuánto es?

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