Llamar a las cosas por su nombre

Hace pocas semanas conseguimos escuchar a Zapatero hablar, por fin, de crisis económica. Aparte de ser esto todo un evento social, por fin nos indica un cambio en la mentalidad de nuestro Gobierno. Bueno, eso o quizás sea que no le han quedado más huevos que reconocer la triste y cruda realidad de nuestro país.

Lo que más gracia me hace de todo el asunto es que el señor Ministro de Economía se escuda en que esta es una crisis sin precedentes, en que ha tenido lugar un cúmulo de circunstancias que han coincidido en el complejo espacio-tiempo y nos ha reventado en nuestro esplendoroso culo. Señor Ministro: si esta es una crisis peor que la de 1995 y en aquella ocasión acabamos muy mal, con la Seguridad Social, la Hacienda y el Paro en cifras históricas (históricamente malas, quiero decir), no me quiero imaginar la cagada que cometerá vuestra Inutil Señoría en esta “crisis sin precedentes”. Para agarrarse las polainas y sujetarse los machos.

Volviendo al asunto de la retórica y la palabrería barata en política, es increíble la cantidad de nuevos términos que nos aportan nuestros queridos políticos. No creo que suceda nada similar en ningún país del mundo. Maldita lengua cervantina, tan rica en sinónimos, tan fértil en expresividad, tan bella en sus términos… Para que luego digamos que no se lo curran, que no conocen nuestro idioma, que nuestra Ministra de Igualdad dice miembros y “miembras” (todavía me duelen los oídos, se lo prometo). Es increíble cómo, cuando la necesidad aprieta, el político transforma toda su incompetencia en una increíble habilidad para dominar la lengua y las expresiones bien construídas. Qué lástima que no utilicen ese enorme talento para tomar medidas tan efectivas y elegantes como su pomposa verborrea.

Esta gente no tiene ni puta idea de lo que ocurre en la calle. Por eso tenemos la horrible sensación de que se están cachondeando de nuestra jeta. Porque no es normal que jueguen con nosotros con términos ambiguos y planes de contingencia de patio de colegio. Esta gente no conoce al pobre inmigrante ecuatoriano al que el problema en el sector de la construcción le ha mandado a la calle, sin apenas paro y con una hipoteca del carajo. Y su esposa con un churumbel en camino, a 4 meses para el impacto. Y como esto existen cientos de miles de casos más, e incluso peores.

La gente sabe que estamos en crisis, la gente no es tonta, la gente ve día a día los precios de las cosas, el entorno en cuanto a la situación de vecinos, familiares, conocidos, etc. Sabe perfectamente cómo están las cosas y no hace falta que nadie les cuente milongas, porque ya sabemos bien cómo está el percal. Por esta razón cuando ves a un mequetrefe encorbatado rodeado de alcachofas portadas por periodistas en ristre, nos sentimos imbéciles, estafados, ninguneados, y nos imaginamos a todos estos partiéndose de risa a nuestra espalda y comiendo… no precisamente conejo.

Pues sí, señor Zapatero, lo que nosotros tenemos se denomina crisis; del mismo modo que su forma de gobernar se denomina incompetente.

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