Algeciras vs. Gibraltar

Hace poco leí un artículo en una revista dominical acerca del estado en el que se encuentra la costa de Algeciras, la altísima concentración de barcos, el abuso por parte de las autoridades portuarias de Gibraltar a la hora de permitir atracar barcos para repostar al vuelo como si se tratara de aguas internacionales, de un territorio comanche, sin ley.

Es horrible constatar toda esta información a través de las aplicaciones de seguimiento por GPS marítimo de la empresa para la cual trabajo. Si uno se mueve a la zona del estrecho de Gibraltar observa tal concentración de barcos, a cualquier hora, que parece increíble que no sucedan más accidentes de los que hay, que no haya más “New Flames”, vaya.

Y mientras tanto, nuestros vecinos, los hijos de la Gran Bretaña, y nuestros gobernantes, los hijos de la gran España, mirando para otro lado. Al mismo tiempo, nuestros vecinos algecireños viven pendientes de la dirección del viento: según sople de levante o poniente se tragarán distintos humos de las chimeneas de los polígonos industriales. Refinería, central térmica de carbón, ciclo combinado, planta siderúrgica y una madeja de torres de refrigeración, piscinas de deslastre, antorchas de quemado y kilómetros de tuberías los han convertido en expertos catadores de aromas industriales de distintos sabores…

Medio Ambiente descarta que sean radiactivas, pero los vecinos piden más análisis, puesto que se han encontrado trazas radiactivas en residuos similares en las marismas de Huelva. Pero ves a los niños jugar en los columpios a escasos metros de las chimeneas que `vomitan´ humo. Y por todas partes hay gente haciendo deporte, aprovechando las instalaciones y paseos que serpentean entre las grúas. Gente que se esfuerza por vivir saludablemente. Algo que se antoja poco menos que una heroicidad, y más teniendo en cuenta que en esta región “maldita” la esperanza de vida es menor, el cáncer de pulmón y tiroides campa a sus anchas, y los chiquillos sufren asmas y alergias por doquier.

¿Cómo podemos permitir tal sacrilegio a la dignidad y salud humana y del medio? ¿Acaso no nos escandalizamos por otros “sacrilegios” que atentan contra los Derechos Humanos en otros países tildados de tercermundistas? Y sin embargo, lo tenemos a la puerta de casa. Y como siempre, los que sufren son los mismos, los mismos de siempre, los pobres, los currantes, la gente corriente. Ni a los de corbata de Madrid (que gobiernan sobre las “capitales de provincia”, sobre los “provincianos”), ni a los del té de las cinco del Big Ben les preocupa el asunto. Como siempre, se aplica la ley de ojos que no ven… y mientras llenemos la saca a través de las petroleras, la siderurgia y nos llevemos bien con los peces gordos y gobernantes, los ojos verán menos aún todavía.

Un saludo desde aquí a la gente afectada por tan macabra situación y muchos ánimos.

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Fuente: XLSemanal.
Artículo: http://www.xlsemanal.com/web/articulo.php?id=29117&id_edicion=3287

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