Las “miembras” de la ministra de Igualdad

Una vez más, nuestra clase política vuelve a meter la pata. Y esta vez se trata de una de esas féminas reprimidas y frustradas de la vida, cómo no. O simplemente analfabetas. El tema se vuelve serio si llegan a ser ministras. Pero bueno, casos más sonados ha habido, ¿verdad, señor José Blanco?

Que esté profundamente en contra de las feministas no significa, ni mucho menos, que esté en contra de las mujeres. De hecho, he leído muchas cartas dirigidas a algunas revistas (véase XLSemanal y sirva como ejemplo) escritas por mujeres anti-feministas, que condenan esa moda de ponerse a la defensiva y manifestarse como pobres víctimas. La guerra no se gana así, amigas; si esto lo hubieran hecho los negros en EE.UU. no hubieran llegado a presentar a un señorito para la casa Blanca, por el cual yo me alegraría un montón que saliera como presidente. Si no me gusta Hillary no es porque sea mujer, sino por ser esposa de alguien que ya fue presidente, por lo cual relumbra destellos de avaricia insaciable que detesto profundamente.

Pero volviendo al tema que nos ocupa, como ya he dicho en numerosas ocasiones en este blog, que dejen en paz nuestra querida Lengua, señoras y señores, que es parte de nuestra historia y la debemos mimar y cuidar, que el género masculino tiene, en castellano, un uso muy libre y en ocasiones neutro; no nos inventemos palabras que hacen daño al oído humano, que ya tenemos bastante con los anglicismos.

Suena mal médica, jueza, concejala… ¡pero miembra! Por Dios, eso no puede existir de ninguna manera. Una vez más, la ineptitud de una “tipa” (¿así mejor, Sra. Ministra?) que no se sabe muy bien qué estudios tiene ni de qué olivar se cayó vuelve a poner en entredicho la ineptitud de este Gobierno, y todo a base de demagogia, insensatez e imbecilidad.

Y siempre es igual, siempre es lo mismo: ZP, el conciliador, el del talante, en ocasiones despunta alguna buena idea menor (ojalá tuviera grandes ideas para la economía y el terrorismo), como la ley anti-tabaco, paridad de ministros hombres y mujeres, matrimonios gays, la creación de un ministerio de Igualdad… pero al final sus ideas acaban siendo mal rematadas, a causa de que nuestro querido Gobierno es simplemente inepto: prohibir fumar en los bares es una locura; ¿por qué no obligar a poner extractores de humo y subvencionarlos?. Es una idea utópica genial poner igual número de ministros y ministras; total, lo mismo van a hacer… ¡pero hombre! ¡Tanta parida-d es una estupidez! Digo yo que habrá que seleccionar a la gente más adecuada, haya más mujeres o haya más hombres, creo yo. De lo del matrimonio, no me parece bien esta palabra para los gays porque tiene un fuerte trasfondo religioso, aunque acepto que tienen todo el derecho del mundo a hacer lo que les de la gana; más tontos son, ¡casarse! si quieren cometer las mismas estupideces que los heteros, allá penitas. Crear un ministerio de Igualdad me parece una buena idea como concepto; no olvidemos que este último es precepto fundamental de nuestra Constitución, como dijo Punset en una ocasión; pero hombre, liarse a crear un montón de Ministerios en plena crisis económica… ¡señor que hay que ahorrar! Y comités de sabios (esto ya es flipante, y mete al esquirol de Caldera), etc, etc. Todos sabemos la utilidad de esos ministerios, las labores que van a realizar y las metas que van a alcanzar. Mientras haya tontos que paguemos impuestos ellos se llenarán los bolsillos a golpe de Ministerio y talonario en ristre.

Cállese, señora ministra, y vuelva a las clases de danza y cante de las que nunca debió salir, por favor; hágase un bien a sí misma y de paso al resto.

5 pensamientos en “Las “miembras” de la ministra de Igualdad

  1. En la Constitucion Española queda recogido que España es un Estado aconfesional, por lo tanto tu opinion sobre el matrimonio entre homosexuales puede ser perfectamente respetable pero no tiene ningun fundamento social.
    No pretendo cambiar tu manera de pensar, unicamente puntualizar tu comentario.

  2. Estoy completamente de acuerdo. Agarrándonos a la ley, el matrimonio es perfectamente legal, sacada esta palabra del marco religioso.

    Simplemente lo que quería indicar es que, históricamente, esa palabra tiene fuerte connotaciones religiosas, y que por eso no me parece adecuada por su significado digamos tradicional, y más teniendo en cuenta que la institución religiosa a la que va unida la palabra ‘matrimonio’ rechaza (por las razones que sean, no voy a entrar en esto) tal tipo de unión.

    Muchas gracias por tu puntualización, en cualquier caso, pues no hay que perder de vista que nuestro estado es aconfesional (y gracias a Dios, si se me permite el juego de palabras).

  3. Si nos remitimos a los origenes de la palabra Matrimonio, encontramos que deriva, tanto judicial como socialmente, del Derecho Romano, siendo visto éste como una institucion social, alejada por completo del marco religioso; si bien es cierto que el matrimonio, visto desde la perspectiva de la religion catolica, especifica que es la union legitima de un hombre y un mujer con el fin de procrear, pero esta es unicamente una de las tantas visiones del concepto matrimonio a lo largo de la historia (de alguna manera habia que vender la historia de Adan y Eva).

    Logicámente para la mayoria de nosotros, educados en la religion catolica, el matrimonio es, tradicionalmente, una celebracion religiosa-gastronómica, donde un tipo vestido de azul marino y una señorita vestida de pastelito de nata primero se prometen amor eterno delante de un funcionario de Dios vestido con sotana, y luego se remata la faena comiendo y bebiendo hasta reventar.

    Por lo tanto finalizar indicando que existen muchos tipos de matrimonio fuera del marco catolico, como pueden los matrimonios concertados en la religion islamica, la poligamia en la religion musulmana, o los cada vez mas en auge, matrimonios de conveniencia (tu me das papeles, yo te doy dinero y todos felices) y ahora, pese a quien pese, tambien existen los matrimonios homosexuales.

    Si simplemente nos dedicamos a opinar basandonos en nuestra educacion puede que acabemos convertidos en vulgares Jimenez-Losantos (valga la redundancia).

    Un saludo

  4. Muy interesante tu último comentario. Ojalá aportaras alguna fuente para apoyar lo que indicas, aunque no pretendo quitarte nada de razón (porque no soy un experto en “matrimonios”, Dios me libre…)

    Me ha hecho mucha gracia lo de la “celebración religiosa-gastronómica”, porque realmente es así. Es como las comuniones y las Navidades: cada vez más consumismo y menos tradicionalismo, en el sentido de haber perdido totalmente el sentido y la razón de ser de un evento.

    En cualquier caso, si lo que dices es cierto, reconozco plenamente mi error al indicar que el matrimonio es algo exclusivo de los católicos. No lo voy a rebatir porque el asunto tampoco es que me importe más de lo necesario y tampoco soy un experto en el tema, además de que el cuerpo del artículo trataba… otra cosa.

    Un saludo y gracias por esta discusión.

  5. Pingback: Caras nuevas, viejas caras « Realizando la idealidad

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