Te queda una semana de vida. ¿qué vas a hacer con ella?

Imaginen por un momento que alguien les dice que les queda una semana de vida. ¿Qué harían, ante tal perspectiva? La pregunta es peliaguda desde el momento en que se plantea, y a medida que se reflexiona, se entra más a fondo en una espiral en la que parece no existir la respuesta correcta. ¿Pero realmente, qué es una respuesta correcta? Esta es otra interesante pregunta, a la que quizá dedique unas líneas otro día.

Volvamos al asunto. Solamente hay que ponerse en situación. Joder, es una putada, pero esto no es un juego. O bueno, quizá sí, pero el objetivo es conocernos un poco más a nosotros mismos, con lo cual es un juego muy serio, digamos que instructivo. Como el Mecano, vamos. Bien, mucha gente diría que visitaría a sus seres más queridos, que pasaría todo el tiempo con ellos. Otros dirían que eso no le aporta nada, porque cuando desaparezcan nada quedará de ellos y que para cuando desaparezcas ya todo dará igual, se deprimirán y quizás se suiciden, como venganza ante la muerte, para decidir ellos el momento final. Otros, terceros, se gastarían todos sus ahorros en grandes lujos, en vivir la vida a lo grande, a mandarlo todo a la mierda en un intento de vivir deprisa. Quizá habría un cuarto tipo, los buenos samaritanos, que aprovecharían el resto del tiempo para hacer el bien a los demás, dedicarlo a ayudar todo lo que puedan a sus congéneres, para sentirse mejor. Cadena de favores, y esas cosas. Y el antagónico de este grupo, psicópata enfermizo quizá se dedicaría a delinquir durante toda esa semana, sin reglas, ni leyes, libertinaje, pues no hay miedo a la prisión ni a la perpetua ante la perspectiva de la inminente visita al barquero Caronte.

Me interesan todos estos tipos, pero todos tienen algo en común que les caracteriza profundamente: todos cambiarían de forma más o menos radical sus vidas. El egocéntrico solitario pasaría los últimos momentos con su familia, los fuertes moralistas con grandes ideas para el futuro se desmoronarían como castillos de naipes, sumergidos en los mares de la depresión y, quizá, el suicidio; para los terceros, austeros usureros ahorradores para las generaciones futuras, el shock les produciría la fiebre de vivir ahora deprisa; los no empáticos, egoístas que viven en su nube de algodón se convertirían en misioneros sin fronteras, y los espíritus tranquilos y extremadamente tímidos desatarían la furia sociópata que siempre llevaron dentro.

Sé que estoy generalizando, pero es fácil pensar en todos estos arquetipos. No digo que yo no pertenezca a ninguno de ellos, pero pienso que la respuesta correcta sería seguir haciendo lo que he hecho hasta ahora. Imposible, ¿verdad? ¡Qué utopía! ¡Qué imbecilidad! No me digas que tus últimas horas las “gastarías” haciendo lo que has hecho siempre. Bien, ahora yo les diré que si tanto les trastorna esta respuesta es porque quizá no están viviendo como desearían vivir.

Aquí quería llegar, amigos: todos somos, en mayor o menor medida, dueños de nuestro destino y de nuestra forma de vivir. Desafortunadamente hay gente que no puede, pero la mayoría, al menos en los países desarrollados, tenemos esa inmensa suerte. Puede ELEGIR cómo quiere vivir su vida. Si tus últimos momentos no serían igual que el resto es porque quizás no estás viviendo adecuadamente. Es un cambio de filosofía, amigos: “vive cada momento como si fuera el último”, pero no atropelladamente, entiéndanme. La idea es no dejar todo aquello que deseamos para el final, aprovechar que estamos vivos, valorar lo que tenemos y estar agradecidos por ello.

La idea es decir: voy a visitar a mis padres y a mi familia más a menudo, mejor visitarlos ahora que llevarles flores cuando estén criando malvas. La idea es pensar: voy a cogerme unas vacaciones y visitar la India, un país que siempre quise visitar, por ejemplo. Es cavilar en lo banal que es casi todo en esta vida y que al final, lo único que merece la pena realmente son las personas. Es reflexionar: debería apadrinar un niño, donar dinero a cierta organización, pensar en algo para que los demás puedan disfrutar de la vida con plenitud, como lo hago yo. Finalmente, la idea también es: voy a enfrentarme a los demás, no callarme lo que me sienta mal, ni dejarme pisotear; voy a quererme a mí mismo y a intentar que se me respete igual que yo respeto a los demás. Así seré más feliz.

Por ello, a la pregunta: ¿qué harías si te quedara una semana de vida? creo que la respuesta correcta debería ser: lo mismo que he hecho todos los días hasta el día de hoy…

Espero que hayan reflexionado un poco con estas líneas. También me gustaría recibir sus opiniones al respecto.

2 pensamientos en “Te queda una semana de vida. ¿qué vas a hacer con ella?

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