Una de italoamericanos (reeditado)


Hace poco tiempo empecé a ver una de las más maravillosas series televisivas (probablemente la mejor de la historia) que ha dado el hombre: Los Soprano. Había visto anunciarla cuando la daban en canal+, famosa es la parodia que hacen Los Simpsons de esta serie… pero el colmo fue que cada vez más críticos televisivos de todo el mundo la ensalzan como la mejor serie de todos los tiempos. Y después de 15 capítulos (¡y son 6 temporadas!), me veo obligado a admitir que no les falta razón.

Reconozco que me gustó mucho El Padrino, y que si algo de bueno tiene esta serie y que tiene en común con la trilogía de Coppola, son los personajes. David Chase, su creador, ha modelado y mimado muchísimo cada personaje, de manera que es interesantísimo estudiar el comportamiento de cada uno de ellos capítulo tras capítulo. Y los actores son de lo mejor. Se nota que han estudiado mucho el comportamiento y la gesticulación del arquetipo mafioso (les confieso que, si alguna vez me encontrara en un callejón a Paulie Walnuts, interpretado magistralmente por Tony Sirico me orinaría en los pantalones y saldría corriendo como alma que lleva el diablo). Y la B.S.O es genial.

Pero yo creo que no es esta la razón por la que es una de las mejores series que jamás se han realizado. Yo creo que la razón fundamental es que todos comprendemos a Tony Soprano en sus problemas con su mujer, su aspecto de pillo animalote descubre, en ocasiones, a un ser incomprendido, que los años le han convertido en lo que es, y que “malvive” como puede, consciente de los peligros que corre. Todos entendemos al pobre Christopher, deseoso de ser alguien en La Cosa Nostra, cansado de ser un don nadie, el último mono de la banda. Una auténtica promesa en el Negocio, sin duda. Todos conocemos a alguien como la madre de Tony, una vieja huraña y criticona que malmete entre su hijo y su cuñado, Junior. Ah, Junior, ¡qué gran tipo! Un abuelete que siempre deseó ser el gran jefe, el Capo, el Padrino del clan de los Soprano; siempre relegado a un segundo plano primero por su hermano mayor y luego por su sobrino Tony, ambos con más aptitudes, menos orgullosos y menos pretenciosos. Un abuelete de armas tomar.

Además se nos muestra cómo los italoamericanos ‘de bien’ odian sin paliativos a estos mafiosos (¿mafia? ¿qué es eso de la “mafia”? aquí nadie hace nada de mafia, no me insultes, ¡no me vuelvas a hablar de eso!), por ensuciar el buen nombre de los italianos, a las familias, a los hijos, a los inocentes, a las víctimas.

Cada vez que acaba un capítulo no puedo borrar en mi rostro una sonrisa, la sonrisa irónica de Tony o la sonrisa de superioridad del tío Junior. No, amigos, esta NO es una serie que habla de la Mafia. Esta es una serie que retrata como ninguna otra …¡a la vida misma!

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