Españoles, españolas y españolos (reeditado)

El grito pongo en el cielo una vez más por lo que muchos pensarán que es otra majadería más de las mías.
Qué manía tienen los políticos (léase Lehendakari y el resto de la camada del Parlamento Vasco) por decir “los vascos y las vascas”. Qué mal suena. Que vueltas y qué guerra con el idioma, oye. Éstos no se han enterado aún de que el idioma, nuestro idioma, el de Cervantes y Quevedo, no es sexista. Es así y punto. Yo no veo a ningún político extranjero que en su idioma se exprese con la misma peripollez con lo que lo hacemos aquí, redios.

Pero bueno, es política. Estos tipos son inteligentes. No vayan a perder el voto de cuatro reprimidas feministas radicales por no citarlas en el discurso político. Con los votos no se juega, y con el voto feminista menos. Hasta ahí podíamos llegar.

Y ahora sin faltar. He leído muchas opiniones a favor y en contra de esto. Incluso alguna mujer indica que el idioma debe adaptarse y evolucionar a los nuevos tiempos de igualdad, a lo cual otros, como mi gran idolatrado Arturo Pérez Reverte, todavía están intentando parar de reír. Bueno, todas las opiniones, como siempre, son respetadas, y si están bien fundamentadas más aún.

Lo que ocurre es que creo que es un tremendo disparate comparar la lengua con el comportamiento humano. Nuestra lengua es como es, y hay que mimarla y cuidarla. Bastante tenemos ya con la cantidad de anglicismos y estupideces que las nuevas tecnologías están introduciendo en nuestra amada lengua. Demonios, soy informático, pero odio cada vez que oigo a alguien decir library, compiler, path, developer, query y otros monumentos de semejante índole a la memez en lugar de utilizar sus equivalentes castellanos biblioteca, compilador, ruta, programador y consulta, que funcionan y significan exactamente lo mismo. No vamos a quedar como más espabilados por utilizar términos en inglés.

Intentemos cambiar el mundo y la sociedad hacia la paridad de sexos, pero no seamos hipócritas. Para el que no lo sepa, el castellano, por tener, tiene 6 géneros: al masculino, femenino y neutro, archiconocidos, hay que añadir los géneros epiceno (animales que tienen la misma terminación y artículo, como por ejemplo ‘la’ serpiente, ‘la’ rata…; el ambiguo, que lo poseen aquellos sustantivos que pueden utilizar indistintamente ‘el’ y ‘la’, como por ejemplo el/la mar, y finalmente el género común, que es aquél que designa a personas que, teniendo la misma terminación, se diferencian por el artículo: el/la amante.
Aunque bien pensado yo añadiría otro, el género tonto, al cual pertenecen muchas personas de este país.

Además de la igualdad de sexos podríamos sumar la igualdad de sexualidades, ¿no?. ¿Qué hacemos con los homosexuales? ¡Tendrán derecho a un género propio! ¡Y los transexuales! Por eso, yo sugiero que añadamos el género homosexual y transexual a nuestro castellano. Para que absolutamente nadie se sienta discriminado por nuestro machista, trasnochado y ajado idioma. Así tendríamos españoles, españolas, españolos y españolus, respectivamente.

Pobre Cervantes, Quevedo, Góngora y Lope, si levantaran la cabeza. Qué hostia se iban a dar contra la tapa.

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