¡A comer conejo se ha dicho! (reeditado)

De verdad, cómo somos, oye. Nos aconseja el señor Ministro a seguir la dieta del Cucurucho (el que no sepa de qué va, que lo busque porque yo no se lo voy a explicar) y nosotros nos quejamos. De desagradecidos dicen que está el mundo lleno. Mirad Sarcozy. Oyó al ministro, y ea, ahí le tienes, con la Bruni, menudo cómo se estará poniendo a conejo el cabrón. ¿No nos quejamos año tras año del éxtasis empalagoso de polvorones, caviar, angulas, percebes, bogavantes, cigalas y ostras? Pues ya está, la solución es un rico y nutritivo conejo, que para el que no lo sepa (el que tiene orejas y corre por el campo) es una de las pocas carnes que reparte sus nutrientes en todas las partes de su cuerpo. Ahí es nada. Y a darle al folleteo. Íbamos a llegar el día 2 de enero al tajo con 5kg de menos, algo inaudito en la historia de la humanidad.

– ¡Vaya, vaya, Gerárdez, cómo se han dado las navidades, se ha quedado hecho un figurín!
– Sí jefe, es que seguí las recomendaciones del señor Ministro… ¡y ya ve!

Entonces se iban a quejar los monitores de gimnasios. A ver, si no comemos jamón y embutido… ¿de qué viven ellos? Y al cabo de los meses, llega el verano y unos tipazos por la playa de quitar el hipo… unos abdominales… unos pectorales… ¡hasta las señoras de 70 años, oiga! Íbamos a hacernos famosos los españolitos, ya lo estoy viendo: “La Nueva Dieta Mediterránea”. ¿Y los vigilantes de la playa? ¡Se rodaría en Benidorm o en Torrevieja, seguro!

Y si la inflación sigue subiendo… ¿qué cenaremos la Nochebuena que viene? Miren, yo propongo una carne deliciosa y muy nutritiva: carne de rata de alcantarilla. ¡Qué! No me dirán que van a pasar hambre, porque del tamaño de un conejo, mal se les tiene que dar para no encontrar alguna. Y lo que es mejor: se ahorran toda la inflación de precios debida a los intermediarios. Sólo hay que abrir una alcantarilla, sentarse con una caña de pescar, poner de cebo una bota vieja… ¡y a esperar! Y es que hasta el cebo es barato, qué quieren. Todo ventajas.

Me gustaría que en la primera sesión del Congreso de los señor DiPutaDos, pasaran todos en fila india por una báscula. Veríamos a ver qué conejo han comido, si del que come hierba y corretea por el campo o del que tiene pinzas y vive en el fondo del mar (matarile, rile, rile).

¿Y Bugs Bunny? ¿Alguien ha pensado en el pobre colectivo de conejos? No me extrañaría verlos manifestándose a la puerta del Ministerio, con pancartas del estilo: “¿Por qué no nos coméis el cimbrel?” Pobres conejos. Claro que como no hablan… Pero tienen derecho a manifestarse, aunque sea silenciosamente. ¿No lo hace acaso el rebañ… el gremio de actores de nuestro querido país? Pues eso. Y lo peor es que, los conejos, al igual que los gitanos y los jubilados, votan en masa, y votarán al PP. Y esto ya es más grave.

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