Reflexión (reeditado)

Si me pongo a pensar en mi vida desde canijo, la verdad es que creo que siempre he tenido mucha suerte. Veo a mis compañeros del colegio o del instituto, lo que eran y en lo que se han convertido, y pienso que podría haber sido lo que cualquiera de algunos de ellos es: albañil, mozo de almacén, o en el paro. Confieso que no creo que sea tan inteligente como para haber llegado a ser ingeniero informático, y menos con 23 años. Creo que si hubiera crecido en otro entorno, si hubiera ido a otro colegio, si hubiera ido a otro instituto, quizá las cosas hubieran sido de otra manera. Me pregunto cómo hubieran sido las cosas si hubiera nacido años antes/después, hubiera conocido a otra gente o hubiera ido a otro colegio. Y ya ni hablemos de vivir en otra ciudad u otro país.

No sólo me refiero al tema educacional, también en lo personal. Siempre me ha ido bien con mis padres, y aunque vivo con ellos paso de 3 a 4 meses al año viviendo sólo, lo cual me proporciona cierta independencia, y a pesar de haber tenido algún problemilla familiar (nada que no ocurra hasta en las mejores familias) me considero bastante afortunado.

En lo social, por ejemplo, también: poco a poco he ido mejorando en una escala ascendente y se puede decir que cada chica que conozco es cada vez mejor a la anterior, con todos mis respetos para las demás. He tenido la suerte de conocer a personas que me han enseñado y me han aportado mucho. Tengo unos amigos sanos, jamás me han dejado tirado y siempre están ahí cuando lo necesito.

Estoy orgulloso de haber ido a un colegio público bastante humilde, a un instituto público en un barrio algo conflictivo (cercano al famoso mercado de la droga del norte de España, el Poblado de la Esperanza, con sus yonkis, gitanos y demás), lo cual me hizo conocer a muchos tipos de gente y a tratar con ellos, que es lo más importante; posteriormente estudié en la universidad pública, lo cual me ha enriquecido enormemente.

Estoy orgulloso de ser hijo de un obrero de FASA-Renault, lo que en Pucela se conoce como “Faseros” y de una ama de casa, procedentes de sendos pueblos muy humildes de Zamora, en los cuales me eduqué y también tuve que tratar con todo tipo de pillerías entre los chavales, lo cual me hizo espabilar. A eso me refiero, entre otras cosas: si no hubiera sido por la gente de mi pueblo, gitanos, yonkis, y gente marginal o sencilla… ahora sería un pardillo tonto perdido. Más, quiero decir.

Por esto pienso que, de algún modo, llamémoslo Dios, Ángel de la Guarda o Flor en el Culo, tengo suerte. Veremos qué nos depara el futuro, pero es como si fuera guiado, acunado, hacia un futuro que se antoja interesante. Espero no cagarla, aunque a veces (y ya daré rienda suelta a mis desasosiegos más adelante) estoy al borde del abismo.

Por esto pienso que lo que llamamos destino de una persona es una conjunción de factores, en los cuales el más importante es el ambiente, el entorno, las personas, la sociedad, y en más pequeño término la personalidad del individuo. Y esto, nos guste o no, es así, porque si consideramos la propia identidad y personalidad del individuo para guiar sus pasos, también está profundamente condicionada, de nuevo, por el ambiente, el entorno, las personas y la sociedad en general, y no es hasta que uno tiene una personalidad muy formada y muy madura cuando debe y tiene que tomar decisiones importantes que pueden guiar su propio destino. Por eso pensamos que en ese momento tomamos las riendas de nuestra vida. Algo así como lo que decía Ortega y Gasset: “Yo soy yo y mi cirunstancia”.

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