Dime cómo circulas… y te diré: ¡quién cojones eres para ponerte en medio! (reeditado)

Sí, amigos. Me aburro, y mucho. Por esto se me ocurren estas estupideces (¿o es que no ven el título del blog? Pues lo pone bien clarito: pensamientos, divagaciones y estupideces; y la mayoría de las cosas que aquí pongo pertenecen a la segunda y tercera categoría).
Y como de mi casa al trabajo son 20 minutos a patita, y voy y vengo mañana y tarde, pues 80 minutos diarios de caminata más otros 10 que podemos redondear de que si doy un paseo o tomo un café dan como para hacer un pequeño psicoanálisis de la tipología arquetípica de individuos en cuanto a su manera de deambular por la calle (joder, empiezo a parecerme a Dragó… zzzzz…).

Bueno, pues eso. Es curioso la forma de circular de las personas.
Están los que, como yo, van con prisa a todos los sitios, porque siempre llegan tarde a todas sus citas. Y van corriendo hagan lo que hagan, son los fitipaldis de la acera: adelantando a todo el mundo, jugándosela en los pasos de cebra… y porque no tienen claxon, que si no… ya lo veo: “¡¡Hijoputaa!! ¡¡que vas pasmaooo!! ¡¡vas pisando huevooos!!”


Pero lo peor de todo esto es que te acostumbras al ritmillo que coges de ir tarde, y ya vas corriendo siempre. Y vas con tu novia, dando un paseo tranquilamente, solo que a toda leche. Y tu novia: “¿pero adónde vas con esas prisas? ¡si vamos a la Circular a sentarnos en un banco!”. Son los típicos individuos a los que el calor y la gente que va por la calle ya de por sí les estresa. Les estresa ver las calles llenas de gente andando de un sitio a otro.

El contrapunto a este tipo de transeúnte es aquel que va por la calle empanado de la vida. Es el típico que, bien porque es jubilado, bien porque no tiene nada mejor que hacer, ya saben: si es jubilado pues no sé, observar atentamente y comentar con los coleguis una obra que estén realizando en alguna calle… pues se dedica a pasear por las aceras más estrechas mirando a los edificios y con las manos en los bolsillos. Estos se llevan muy muy mal con los de la tipología número 1, como yo. Estos nos calientan la cabeza sobremanera; en ocasiones he tenido que apartarlos de un manotazo de una manera semi-educada, o decir un “me dejas pasar, por favor” en afirmación, que no en petición, muy recurrido, y que siempre está bien. A ciertas personas del tipo número uno sencillamente les enerva ir detrás de otra persona, y el simple y mero hecho de darse este caso hace que se estresen y tengan prisa por adelantar a toda costa, supongo que para tener espacio vital.

También están los que no pasan un semáforo en rojo ni hartos a vino. Que está muy bien, pero hombre, si no viene ningún coche… si se oye hasta a los grillos del silencio que envuelve el entorno… pues hombre. Da igual, no pasan aunque se estén jodiendo de frío, asfixiándose de calor o se estén reventando de orín.

Luego están las parejitas. ¡Ay, las parejitas! Las que más molan son aquellas que, curiosamente a mi parecer, van agarradas de la mano, pero de forma tal que ocupan toda la acera; es como un te-quiero-pero-a-distancia. Y van agarraditos de la mano pero bien estirados, sí señor. Que digo yo: si tanto se quieren como para ir agarraditos, ¿por qué van tan separados? ¿por qué no van abrazaditos? ¿por qué no se sueltan y me dejan en paz? y claro, con éstos que vas a decir, no vas a ser el aguafiestas que les corte el rollo. Y piensas: “bueno, venga, va, pero si sacan un seis tienen que abrir barrera, ¿eh?

Después están los niños. Buf, estos me dan un miedo… corretean por todas partes para detenerse luego justo delante de tí, que tienes que saltar por encima de ellos para no pisarlos; se te meten entre las piernas por menos de nada. Yo una vez pensé ¡qué narices! y pasé a uno entre las piernas, como a los pivotes estos que ponen para que no atraviesen los coches. ¡Por dios de niños! ¡qué patada se podían llevar! Pero bueno, son niños, que le vamos a hacer, ¿verdad, papis?

Y por el asfalto no andamos mancos tampoco. Los que circulan en coche son la monda también. Los que más abundan son los que no respetan los pasos de cebra. Algunos avanzan mientras estás pasando; tienes que andarte con un ojo… algunos pasan de tí, otros levantan la mano y ponen carita en plan: “disculpa, oye, pero… bueno, va, te jodes, pero la vida es así de puta, macho; si tienes huevos ponte delante y verás tú”. Y los que más jeta tienen directamente te levantan un dedito en un gesto de muy mala escuela.

Por otro lado están los que, ante un semáforo en rojo a 50 metros dan el acelerón para luego frenar en seco, así, en plan mira-como-molo, como-controlo-el-buga, etc, etc. Un reventón tenía que sufrir su “buga” y ahostiarse contra una farola, verías tú qué risas.

Y finalmente tenemos un grupo que yo tengo como inclasificable. No sé si meterlos en el saco de los tarados de la acera o de los trastornados de la brea. Éstos son, amigos, los jubilados mayores de 70. Estos lo que tienen es que cruzan por donde les sale de la brenca. Da igual que haya paso de peatones o que no lo haya. Aplican su propia ley de: como-soy-jubileta-y-he-cotizado-la-tira-de-años- paso-por-donde-me-sale-de-los-cojones. Y no pares delante de ellos o vete y pítales, que verás tú que cara de mala hostia ponen, ¡qué salaos!

En fin, que todo el mundo me estresa, me cansa; entre los cagaprisas, los empanaos, los niños, los abuelos, las parejitas y los zumbaos… ¿tanto se me nota que necesito unas vacaciones?

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s