Por un lenguaje más “cool” Marzo 9, 2009
Posted by ravelus in Monólogos.1 comment so far
El otro día recibí uno de esos correos que se reciben de mucho en mucho tiempo, de los que merece la pena guardar y enmarcar. Hablaba de una carta que escribió una radioyente al programa de Luis del Olmo, en la que hablaba sobre el estado actual de nuestra querida lengua. Dado que yo soy un amante protector de nuestra lengua, aunque de vez en cuando la pellizque o meta una patada en sus partes en este blog, no pude evitar esbozar una sonrisa, no sólo por el ingenio de la autora, sino por mi apoyo total a su opinión. No sé si les gustará a mis pocos lectores, pero me parece algo digno de publicar. Por cierto, si tal radioyente lee esto, le pido tenga a bien facilitar su nombre, pues con mucho gusto lo pondré al final del artículo. Toda una sátira.
Desde que las insignias se llaman pins, los maricones gays, las comidas frías lunchs, y los repartos de cine castings, este país no es el mismo: ahora es mucho, muchísimo más moderno.
Antaño los niños leían tebeos en vez de comics, los estudiantes pegaban posters creyendo que eran carteles, los empresarios hacían negocios en vez de business, y los obreros, tan ordinarios ellos, sacaban la fiambrera al mediodía en vez del tupper-ware.
Yo, en el colegio, hice aerobic muchas veces, pero, tonta de mí, creía que hacía gimnasia. Nadie es realmente moderno si no dice cada día cien palabras en inglés. Las cosas, en otro idioma, nos suenan mucho mejor. Evidentemente, no es lo mismo decir bacon que panceta, aunque tengan la misma grasa, ni vestíbulo que hall, ni inconveniente que handicap…
Desde ese punto de vista, los españoles somos modernísimos. Ya no decimos bizcocho, sino plum-cake, ni tenemos sentimientos, sino feelings.
Sacamos tickets, compramos compacs, comemos sandwiches, vamos al pub, practicamos el rappel y el raffting, en lugar de acampar hacemos camping y, cuando vienen los fríos, nos limpiamos los mocos con kleenex.
Esos cambios de lenguaje han influido en nuestras costumbres y han mejorado mucho nuestro aspecto. Las mujeres no usan medias, sino pantys y los hombres no utilizan calzoncillos, sino slips, y después de afeitarse se echan after shave, que deja la cara mucho más fresca que el tónico.
El español moderno ya no corre, porque correr es de cobardes, pero hace footing; no estudia, pero hace masters y nunca consigue aparcar pero siempre encuentra un parking.
El mercado ahora es el marketing; el autoservicio, el self-service; el escalafón, el ranking y el representante, el manager. Los importantes son vips, los auriculares, walkman; los puestos de venta, stands; los ejecutivos, yuppies; las niñeras, baby-sitters y hasta nannies, cuando el hablante moderno es, además, un pijo irredento.
En la oficina, el jefe está siempre en meetings o brain storms, casi siempre con la public-relations, mientras la assistant envía mailings y organiza trainings; luego se irá al gimnasio a hacer gim-jazz, y se encontrará con todas las de la jet, que vienen de hacerse liftings, y con alguna top-model amante del yoghourt light y el body-fitness.
El arcaico aperitivo ha dado paso a los cocktails, donde se hartan a bitter y a roast-beef que, aunque parezca lo mismo, engorda mucho menos que la carne.
Ustedes, sin ir más lejos, trabajan en un magazine, no en un programa. En la tele, cuando el presentador dice varias veces la palabra O.K. y baila como un trompo por el escenario la cosa se llama show, bien distinto, como saben ustedes, del anticuado espectáculo; si el show es heavy es que contiene carnaza y si es reality parece el difunto diario El Caso, pero en moderno.
Entre medias, por supuesto, ya no ponen anuncios, sino spots que, aparte de ser mejores, te permiten hacer zapping.
Estas cosas enriquecen mucho.
Para ser ricos del todo, y quitarnos el complejo tercermundista que tuvimos en otros tiempos, solo nos queda decir con acento americano la única palabra que el español ha exportado al mundo: la palabra “SIESTA.”
No se puede estar más de acuerdo.
Hugh Laurie y Quique San Francisco son… ¡la misma persona! Febrero 23, 2009
Posted by ravelus in Monólogos.6 comments
Esto se me ocurrió el otro día viendo el programa de Cuatro El Hormiguero, en el cual asistió como invitado el actor y humorista Quique San Francisco, al cual admiro mucho por su inteligencia, por su sátira, por su acidez humorística y por su saber hacer, en definitiva.
Y en una de estas pensé: ¡coño, cómo se parece este tío a Hugh Laurie! ¡Cuántas cosas tienen en común! Puesto que a Hugh Laurie también lo admiro mucho, como sabrán aquellos que hayan leído esto, aunque debo reconocer que todo mi conocimiento de este actor viene por su archiconocida serie House M.D., he decidido hacer esta pequeña broma, sobre todo a los fans de ambos actores, ya que dudo mucho que alguna vez lleguen a leer esto los propios personajes implicados, más que nada porque sé de buena tinta que Hugh Laurie no se maneja del todo bien con el español.
Bien, vamos al meollo de la cuestión. Me propongo demostrar, de forma lógica y científica que Hugh Laurie y Quique San Francisco son la misma persona. ¿Sorprendidos? ¡Qué coño!, ¿es que no han leído el título del artículo o qué? Pues eso, céntrense, por favor. He aquí mi razonamiento, aunque primero vean las fotos que a continuación he colocado para centrar ideas. Me ha llamado mucho la atención el por qué al buscar “Hugh Laurie” en Google aparece un listado de vínculos y al buscar “Quique San Francisco” aparece en primer lugar vídeos de YouTube y Resultados de Imágenes. Debe de ser que Quique es más atractivo.

Quique San Francisco

Hugh Laurie
Vale, quizá viendo las fotos me digan que qué barbaridad, que no hay ningún parecido en absoluto, que tal, que cual y que Pascual. Aguarden un momento, lean y verán cómo tengo razón:
Ambos son actores.
Ambos son descuidados en su afeitado e imagen personal.
Ambos son hombres. En serio.
Ambos son maduritos, digamos cincuentones.
Es más: a ambos les ha llegado su época de gloria en la madurez. En esto también coinciden con George Clooney, pero aquí se acaban las analogías.
Ambos tienen el pelo gris, con ciertas deficiencias alopécicas.
Ambos tienen los ojos azules, ¡muy importante!
Ambos hablan un perfecto inglés. En el caso de Quique, para que hable un perfecto inglés hay que invitarle a unas cañas primeramente.
Bien, si nos fijamos ahora más concretamente en el personaje de Hugh Laurie, Gregory House, las analogías se multiplican:
A ambos les gustan las cazadoras de cuero.
A ambos les gustan las motos.
Ambos tienen problemas con las piernas: recordemos los accidentes de Quique y la eterna dolencia de House.
Ambos tienen una drogodependencia: Vicodina y cerveza respectivamente.
Ambos tienen un sentido del humor inteligente y satírico.
De hecho, ambos son humoristas, aunque no payasos, y mucho menos gilipollas.
Ambos tienen muchísimo carisma. Sus gestos les dan un carácter arrollador.
Ambos son muy inteligentes.
Ambos tienen el mismo nivel de éxito con las mujeres: Cero.
Por todo ello, he llegado a la conclusión de que Quique San Francisco y Hugh Laurie son la misma persona. ¡Chúpate esa, Sócrates, Einstein y demás pandilla de aficionados!
Ahora van, y lo cascan.
Escenarios (sigh) de la vida real Octubre 30, 2008
Posted by ravelus in Informática, Monólogos.2 comments
Actualmente estoy leyendo otro libro de Ingeniería del Software; en esta ocasión trata sobre Estimaciones en los proyectos software, y se titula Software Estimation; Demystifying the Black Art, del famoso autor Steve McConnell, autor de una multitud de libros de ingeniería; entre otros es autor de Rapid Development – Taming Wild Software Schedules y Code Complete.
Lo que a continuación transcribo, sin traducir (posiblemente lo haga en los próximos días), viene literalmente en su libro, y presenta ciertos escenarios que a más de uno le resultarán familiares en la vida de un ingeniero informático. A mí, personalmente, me recuerda mucho a las historietas publicadas en el fantástico blog Sinergia sin control.
EXECUTIVE: How long do you think this project will take? We need to have this software ready in 3 months for a trade show. I can’t give you any more team members, so you’ll have to do the work with your current staff. Here’s a list of the features we’ll need.
PROJECT LEAD: OK, let me crunch some numbers, and get back to you.
Later…
PROJECT LEAD: We’ve estimated the project will take 5 months.
EXECUTIVE: Five months!? Didn’t you hear me? I said we needed to have this software ready in 3 months for a trade show!
MANAGER: I know we had a goal of finishing this release in 12 weeks, but my estimates indicate that it will take 16 weeks. Let’s walk through the estimate using this software estimation tool. Here are the assumptions I made. First, I had to calibrate the estimation model. For the “programmer capability” factor, I assumed our programmers are 35th percentile—
EXECUTIVE: What?! No one on our staff is below average! You need to have more confidence in your staff! What kind of manager are you? Well, maybe we’ve got a few people who aren’t quite as good as the rest, but the overall team can’t be that bad. Let’s assume they’re at least average, right? Can you enter that into the software?
MANAGER: Well, OK. Now, the next factor is the capability of the requirements engineers. We’ve never focused on recruiting good requirements engineers or developing those skills in our engineers, so I assumed they were 15th percentile—
EXECUTIVE: Hold on! 15th percentile? These people are very talented, even if they haven’t had formal training in requirements engineering. They’ve got to be at least average. Can we change that factor to average?
MANAGER: I can’t justify making them average. We really don’t even have any staff we can call requirements specialists.
EXECUTIVE: Fine. Let’s compromise and change the factor to 35th percentile then.
MANAGER: OK (sigh).
EXECUTIVE: We need Giga-Blat 4.0 in 6 months.
TECHNICAL LEAD: We’ve estimated the project carefully. Unfortunately, our estimates show that we can’t deliver it in less than 8 months.
EXECUTIVE: That’s not good enough. We really need it in 6 months.
TECHNICAL LEAD: Do we really need all the functionality that’s currently required? If we could cut enough functionality, we could deliver it in 6 months.
EXECUTIVE: We can’t cut functionality. We’ve already cut features to the bone on this release. We need all the features, and we need them within 6 months.
TECHNICAL LEAD: What’s the major factor that’s driving the 6-month schedule? Maybe we can find a creative solution.
EXECUTIVE: The annual trade show for our industry is in 6 months. If we miss the trade show, we’ve missed our chance to demo the software to many of our key accounts. That will effectively push back our sales cycle by a whole year.
TECHNICAL LEAD: I really can’t commit to delivering the final software in time for the trade show. But I can commit to having a beta version ready for the trade show, and I can provide a tester who knows where all the problems are and who can run the software during the show so that it doesn’t break. How does that sound?
EXECUTIVE: If you can promise the software won’t crash, that will work fine.
TECHNICAL LEAD: No problem.
TECHNICAL LEAD: Our estimate for this project is that it will take 5 to 7 months. We’re still pretty early in the Cone of Uncertainty, so we can tighten that up as we go.
EXECUTIVE: Five to 7 months is too wide a range. How about if we just use an estimate of 5 months?
TECHNICAL LEAD: We’ve found it really useful to distinguish between estimates and commitments. I can’t change the estimate, because that’s a result of a lot of computations. But I could possibly have my team commit to a delivery schedule of 5 months if we all agree that we want to take on that level of risks.
EXECUTIVE: That seems like semantics to me. What’s the difference?
TECHNICAL LEAD: Our range of 5 to 7 months includes one standard deviation of variation on each side of our 50/50 estimate of 6 months. That means we have about an 84% chance that we’ll deliver within 7 months. Our estimates suggest that we have only 16% chance of actually meeting a 5-month commitment.
EXECUTIVE: We need more than 50% confidence in the date we commit to, but 84% is more conservative than we need. What would the 75% confident date be?
TECHNICAL LEAD: According to the probabilities we estimated, that would be about 6.5 months.
EXECUTIVE: Let’s commit to that then.
TECHNICAL LEAD: That sounds good.
Fuente:
Software Estimation; Demystifying the Black Art
Steve McConnell
Microsoft Press 2006
Medidas Septiembre 17, 2008
Posted by ravelus in Monólogos.add a comment
Desde que el hombre es hombre (y la mujer, mujer) no se por qué coño le dio por medir las cosas. Qué llorera, leche. Que si el peso, el volumen, el dinero… pero lo que yo creo que surgió primero fue la longitud. Indiscutiblemente. Sobre todo si tenemos en cuenta que en la Edad de Piedra todos íbamos en pelotas y la mayoría de científicos primitivos eran hombres. Claro. Ya por entonces prometíamos. Imagínense qué papelón: establecer la unidad. Porque vamos a ver: ¿quién dijo que un cacho así… bueno, más o menos así… era precisamente y exactamente un metro? Recordemos que eran hombres… oh, qué exageración, nadie la tiene tan grande… ¡recordemos de nuevo que eran hombres! ¡Y tenían colegas! Porque ya el hombre, por aquel entonces, era un ser social. A base de gruñidos y sonidos guturales, pero social. ¿Lo dudan? Además, el hombre no ha cambiado tanto desde entonces. Y si no quítenle el teléfono móvil a un chavalín y entren en la lista de mensajes enviados. ¡Qué! ¿jeroglíficos egipcios? ¿pinturas rupestres? ¡mariconadas! niños “q kdan n l park a ls 8 xa dar x l (( y azr btyn” y graffiteros baratos que escriben su nombre por ahí: “el rulas”, “el xilli”, “Mari x Jose”…
Volviendo al asunto… otra de las cosas que nos gusta mucho es comparar. Desde chicuelos, y no me digan que no: todos hemos meado juntos y siempre estaban las miraditas y las risitas picaruelas… lo que no entiendo muy bien es por qué siempre esas risitas iban acompañadas de las miraditas hacia mí.
Y juntábamos fuerzas, escribíamos nuestro nombre… recuerdo que tenía un amigo que escribía mejor su nombre en el suelo con el pis de su miembro que con la mano en el papel. ¡Qué caligrafía! ¡qué trazos iban y venían! ¡un artistazo! Y comparar está mal, amigos, ¿acaso no lo sabían? está muy mal; sobre todo si sales perdiendo tú.
De hecho, el metro es en realidad comparar con respecto a un patrón. ¡Imagínense ahora que llevamos toda la vida comparando cosas de todo tipo con respecto a la polla de un neandertal exagerada delante de sus amigotes!
- ¿Y cuánto hay de Valladolid a Madrid?
- Pues… unas 250.000 pollas neandertales.
- Ahhh… bueno, son unas dos horas y media, yendo a unas 100.000 pollas por hora, claro (que da la sensación de ir… a toda hostia).
Y del metro sale el metro cuadrado. Oséase: una polla cuadrada, de 1 por 1. Que vaya capacidad de aforo tenían las mujeres neandertales, digo yo. Eso sí: una polla cuadrada pero planita. Y se utiliza para medir superficies. Pero eso ya es una medida totalmente obsoleta. Yo ya hace mucho que no mido en metros cuadrados, ni en hectáreas… es como la peseta: está caduca. A mí… háblame en campos de fútbol. Eso sí.
Oye, es que te dan una medida en campos de fútbol y como que ya… te haces una idea mental mucho más precisa, ¿no? Y no vale ni de tenis ni de baloncesto: de fútbol, sí señor… A lo mejor les parece una barbaridad, pero si ven en la tele cualquier cosa… es que absolutamente todo lo comparan con campos de fútbol, oiga… ¿cómo voy a saber yo, a estas alturas, lo que es una puñetera hectárea? ¿Pero de cuántos campos de fútbol se compone una hectárea? ¡Si no no me hago una idea!
Y eso es todo. Esas son las medidas que molan. Luego están medidas que dan risa, medidas para todo: que si voltios, que si faradios, que si ohmios, que si pascales… y todo porque llevan el nombre de la persona que los inventó. ¿Ves? ¿Y por qué no existe una medida para… qué sé yo, la tontería? Y la medida oficial en el Sistema Internacional sería los belenestébanes… ¿eh? ¡anda que no mola! ¿Y la medida oficial de tener jeta? ¡el dinio! ¡Si le pega perfectamente! Lo estoy viendo, las mujeres en la charcutería:
- Póngame medio dinio de morro de cerdo, por favor.
- Pues hoy lo traigo fresquísimo y riquísimo, señora.
- A mí me ponga dos dinios, entonces.
- Vaya atracón se va a pegar, señora.
- Es que hoy vienen los hijos y las nueras a comer…
¿Y el del hijoputismo? Bueno, ahí habría muchas discrepancias, porque las propuestas serían bastante numerosas. Habría que hacer varios estándares, como el del Sistema Internacional y el sistema inglés de medida; que hay que ver estos hijos de la Gran Bretaña, mira que les gusta llevar la contraria y tocar las narices, ¿eh? Tienen que medir en pulgadas (qué quieren, los ingleses neandertales la tenían más pequeña), en yardas (ya les gustaría a ellos), en pies (como la tenían pequeña… se la fueron a mirar y no vieron más que pies, claro, no había obstáculos enmedio…)
Hay otros tipos de medidas, como las temporales. Por ejemplo, están los segundos, los minutos… los meses… Un niño, sin ir más lejos, está 9 meses metido en la barriguita de su mamá. Y qué de puta madre se está, ¿eh? ¿Cuántos hoy mismo desaríamos meternos de nuevo por el chismín de alguna? Aunque bueno, lo de los 9 meses es un poco relativo, vamos, digo yo, porque en mi curro hay una mujer embarazada con un panzón de por lo menos 11 meses… el muy pájaro no querrá salir… ya ves, tonto el pequeñuelo…
Y para terminar, ¿qué pasa con las medidas monetarias? Toda la puta vida con las pesetas y nos pasan al euro… ¿total para qué? pa subirnos los precios injustificadamente. Y ahora que hay crisis, ni te cuento. No se puede ni salir de vacaciones. Sólo con ir a repostar ya te dan ganas de meterte en un zulo (con z, mal pensados) y no salir en todo el verano. Que parece que más que llevar un depósito de gasolina llevamos una caja fuerte dentro del coche. Ni gasolina ni nada, yo le meto dentro las joyas. Y le voy a poner una combinación secreta. Que estoy viendo que voy una mañana a trabajar y algún listo me ha trincado la gasofa con una gomita.
Que es que está la cosa mu malita, hombre… hoy mismo oí en el telediario… ¡qué pasa!, ¡que también me importan las noticias de economía, hombre! Bueno, en realidad es que no había otra cosa, porque la hora del telediario es el momento del día más inútil para hacer zapping…
Bueno, pues estaba viendo el telediario, y decían que el gobierno norteamericano (los hijos de la Gran América) habían puesto 100 mil millones de dólares de bote, vamos, del bote de todos los ciudadanos (y ciudadanas no me vayan a llamar machista y nazi) para evitar que una importante empresa financiera quebrara y mandara al carajo toda la economía estatal y mundial y universal y evitar que a todos nos reventara el culo a estornudos. Y yo lo primero que hice fue acojonarme: ¡100 mil millones de dólares! Aunque luego pensé: ¡Pero cuánto es eso! Y la tía que contaba el reportaje narraba que era el equivalente al gasto de la guerra de Irak por tres años. Pues bien. Sigo en las mismas. A ver: ¿eso, en campos de fútbol… cuánto es?
¡A comer conejo se ha dicho! (reeditado) Junio 18, 2008
Posted by ravelus in Monólogos.add a comment
De verdad, cómo somos, oye. Nos aconseja el señor Ministro a seguir la dieta del Cucurucho (el que no sepa de qué va, que lo busque porque yo no se lo voy a explicar) y nosotros nos quejamos. De desagradecidos dicen que está el mundo lleno. Mirad Sarcozy. Oyó al ministro, y ea, ahí le tienes, con la Bruni, menudo cómo se estará poniendo a conejo el cabrón. ¿No nos quejamos año tras año del éxtasis empalagoso de polvorones, caviar, angulas, percebes, bogavantes, cigalas y ostras? Pues ya está, la solución es un rico y nutritivo conejo, que para el que no lo sepa (el que tiene orejas y corre por el campo) es una de las pocas carnes que reparte sus nutrientes en todas las partes de su cuerpo. Ahí es nada. Y a darle al folleteo. Íbamos a llegar el día 2 de enero al tajo con 5kg de menos, algo inaudito en la historia de la humanidad.
- ¡Vaya, vaya, Gerárdez, cómo se han dado las navidades, se ha quedado hecho un figurín!
- Sí jefe, es que seguí las recomendaciones del señor Ministro… ¡y ya ve!
Entonces se iban a quejar los monitores de gimnasios. A ver, si no comemos jamón y embutido… ¿de qué viven ellos? Y al cabo de los meses, llega el verano y unos tipazos por la playa de quitar el hipo… unos abdominales… unos pectorales… ¡hasta las señoras de 70 años, oiga! Íbamos a hacernos famosos los españolitos, ya lo estoy viendo: “La Nueva Dieta Mediterránea”. ¿Y los vigilantes de la playa? ¡Se rodaría en Benidorm o en Torrevieja, seguro!
Y si la inflación sigue subiendo… ¿qué cenaremos la Nochebuena que viene? Miren, yo propongo una carne deliciosa y muy nutritiva: carne de rata de alcantarilla. ¡Qué! No me dirán que van a pasar hambre, porque del tamaño de un conejo, mal se les tiene que dar para no encontrar alguna. Y lo que es mejor: se ahorran toda la inflación de precios debida a los intermediarios. Sólo hay que abrir una alcantarilla, sentarse con una caña de pescar, poner de cebo una bota vieja… ¡y a esperar! Y es que hasta el cebo es barato, qué quieren. Todo ventajas.
Me gustaría que en la primera sesión del Congreso de los señor DiPutaDos, pasaran todos en fila india por una báscula. Veríamos a ver qué conejo han comido, si del que come hierba y corretea por el campo o del que tiene pinzas y vive en el fondo del mar (matarile, rile, rile).
¿Y Bugs Bunny? ¿Alguien ha pensado en el pobre colectivo de conejos? No me extrañaría verlos manifestándose a la puerta del Ministerio, con pancartas del estilo: “¿Por qué no nos coméis el cimbrel?” Pobres conejos. Claro que como no hablan… Pero tienen derecho a manifestarse, aunque sea silenciosamente. ¿No lo hace acaso el rebañ… el gremio de actores de nuestro querido país? Pues eso. Y lo peor es que, los conejos, al igual que los gitanos y los jubilados, votan en masa, y votarán al PP. Y esto ya es más grave.
Historietas de cuarto de baño (reeditado) Junio 17, 2008
Posted by ravelus in Monólogos.add a comment

NOTA: Todo lo relatado aquí está basado en hechos reales. Los nombres de personajes y establecimientos públicos han sido debidamente sustituidos por otros totalmente ficticios, para preservar el anonimato de los mismos.


Les voy a hablar del cuarto de baño. Vaya tontería. Pues sí. Pero claro, teniendo en cuenta que pasamos en el susodicho más tiempo en nuestra vida que comiendo o trabajando (si no se lo creen pregúntenle a un funcionario, pregunten…), y ya no hablemos de practicar sexo, vamos.
Por ello me parece un tema interesante de conversación; pero sobre todo me interesa el tema de los baños públicos. De los baños privados no voy a hablar, todos sabemos bien cómo usarlo, salvo el puñetero bidé, que como es conocido, todos lo usamos para lavarnos los pies o dejar las toallas y ropa sucia mientras nos duchamos. No me digan que es para lavarnos nuestras partes íntimas porque eso es mentira. Primero porque es muy incómodo abrirte de piernas y sentarte ahí, apoyado en los bordecitos fríos que te deja tus partes del tamaño de un cacahuete; y segundo porque no entiendo qué orientación escoger: ¿mirando al grifo o mirando al tendido?. Tampoco voy a hablar de los ambientadores porque ese es otro caso por resolver. Qué ideaza lo de hacer que el cuarto de baño huela a pino del bosque y la montaña, para el niño y la niña.
Bien. Yo quería hablar de baños públicos; sí. Pero voy a hablar en particular del caso masculino; del caso femenino hay numerosísimos tratados, como aquél de “¿Por qué las mujeres van juntas al baño?” o el otro de “Como orinar sin tocar el váter con el culo, sujetando el bolso, el abrigo y fumando un cigarro“. Todo esto ya está muy bien tocado y no voy a entrar más ahi.
Es muy curioso cuando estamos en un bar y nos entran ganas de cambiarle el agua al canario y vamos hacia los servicios. Bien, una nota común: los servicios siempre estarán a tomar por culo dentro del bar, en el sitio más recóndito y menos accesible posible, porque claro, el dueño del bar no es bobo; mientras menos se vea, menos tentación de ir, que luego el que limpia es él.
Bien, llegas a la puerta: aquí está el primer dilema: te encuentras un monigote con un paraguas cerrado y otro con un paraguas abierto. ¿Qué coño significa esto? Por qué me haces pensar a las 3 de la mañana con la que transporto encima, tío… Y miras una puerta, y miras la otra. Es el juego de “busca las 7 diferencias”. Coño, pero que esto es serio, oigan: qué fue de aquello del letrerito de Caballeros y Señoras? Joder, dame una pista, tío: en unos dibujines extraños, en otros “OS” para los chicos y “AS” para las chicas… recuerdo en un bar de tapas decorado al estilo de un coso taurino que para acceder a los baños tenías que pasar por detrás de un burladero (ejem) y la puerta de los baños era una montera y una peineta. Acojonante. Es que llegas a la puerta y te encuentras un puto triángulo con un rombo debajo. Miras al otro a ver si te aclara un poco más: una hilera de bolitas en forma de elipse. Ni puta idea. Hasta que caes: joder, una corbata y un collar. Vale, yo creo que soy corbata, así que, por aquí.
Bueno, y eso los que tienen algún cartel en la puerta. Luego hay otros que no lo tienen. Curiosamente la gente, ya acostumbrada, jamás se equivoca a la hora de elegir cuál es el suyo. Hay bares a los que llevo yendo desde hace años en los que jamás he visto un puñetero cartel. Eso sí, el día que lo pongan colocarán un puto jeroglífico de esos y nos joderán la vida.
Y ya estás dentro. Lo primero es que en los servicios de los tíos no sé como demonios lo hacemos pero todo está lleno de mierda, y los meaderos son lo más cutre que puede haber. Bien, si hay una hilera de meaderos siempre cogerás el que está en un extremo. ¿Para qué? para reducir las posibilidades de que venga un mariquita y se ponga a tu lado. Si llega un tío y se pone a mear siempre escogerá el meadero más alejado al tuyo. Eso es lo que hacemos los machos ibéricos. Si escoge uno más cercano, malo. Cuanto más cercano a tí sea el meadero escogido peor. Y si escoge el que está justo a tu lado es como para salir de allí cagando melodías. Otra cosa es cuando solamente hay dos. Claro, la situación es algo embarazosa. El silencio a veces está bien, y si vas a decir algo… ojito: mira a ver lo que dices y piénsalo bien o la puedes cagar rotundamente:
- ¡Joder, qué atasco tenía!
- Pues sí, es que no se puede beber tanta cerveza, tanto calimocho… no puede ser.
- Pues sí tío… mh, mh, bueno, yo ya he acabado. Que te sea leve la noche.
- Venga tío, yo me quedo aquí, no se si terminaré de cerrar el grifo…
Una vez entré en un servicio que tenía a la altura de la mitad de la pared todo espejos, y el agujero de mear (sí este es un método muy medieval) estaba en un esquinazo. Total, que levanté la cabeza y me ví la polla reflejada 7 veces. Como entre alguien a ver cómo coño me la escondo, cagüentó. Sí, otra cosa curiosa es la de los agujeritos en el suelo. No caemos ni gota, oigan. Y es que los tíos nos tomamos lo de mear como un juego. Cuanto más pequeño es el agujero mayor es el reto de apuntar dentro. Eso sí, en casa meas como te sale de la brenca (qué chiste más fácil), no tiene mérito apuntar bien en el váter, y luego salpicas todo y tu madre, con razón, te suelta un sopapo.
Lo mejor es cuando te da un apretón del otro tipo. Porque claro, tú estás en tu zona de baretos guarra, donde los servicios son guarros… ¡no lo vas a hacer ahí, no vayas a coger la malaria, pájaro! Y te desplazas a 15 minutos para buscar un bar céntrico, de gente mayor, de tapeo, que suelen cuidar más los aseos. ¿Y cómo entras? joder, qué palo, entrar y no tomar nada. Es igual, entras disimulando, como que buscas a alguien. Te quedas mirando a todos. Cuando pasas la barra el camarero ya no te puede ver. Ya estás dentro. Y al salir… como si nada, a mí que me registren, yo ya he hecho todo lo que tenía que hacer…
Así que ya para finalizar todo este rollo, simplemente recordar aquél famoso dicho que aparece escrito a boli cutre en muchos cuartos de baño: “mea a gusto, mea contento, pero, so cabrón, mea dentro“.
Dime cómo circulas… y te diré: ¡quién cojones eres para ponerte en medio! (reeditado) Junio 4, 2008
Posted by ravelus in Monólogos.add a comment
Sí, amigos. Me aburro, y mucho. Por esto se me ocurren estas estupideces (¿o es que no ven el título del blog? Pues lo pone bien clarito: pensamientos, divagaciones y estupideces; y la mayoría de las cosas que aquí pongo pertenecen a la segunda y tercera categoría).
Y como de mi casa al trabajo son 20 minutos a patita, y voy y vengo mañana y tarde, pues 80 minutos diarios de caminata más otros 10 que podemos redondear de que si doy un paseo o tomo un café dan como para hacer un pequeño psicoanálisis de la tipología arquetípica de individuos en cuanto a su manera de deambular por la calle (joder, empiezo a parecerme a Dragó… zzzzz…).
Bueno, pues eso. Es curioso la forma de circular de las personas.
Están los que, como yo, van con prisa a todos los sitios, porque siempre llegan tarde a todas sus citas. Y van corriendo hagan lo que hagan, son los fitipaldis de la acera: adelantando a todo el mundo, jugándosela en los pasos de cebra… y porque no tienen claxon, que si no… ya lo veo: “¡¡Hijoputaa!! ¡¡que vas pasmaooo!! ¡¡vas pisando huevooos!!”
Pero lo peor de todo esto es que te acostumbras al ritmillo que coges de ir tarde, y ya vas corriendo siempre. Y vas con tu novia, dando un paseo tranquilamente, solo que a toda leche. Y tu novia: “¿pero adónde vas con esas prisas? ¡si vamos a la Circular a sentarnos en un banco!”. Son los típicos individuos a los que el calor y la gente que va por la calle ya de por sí les estresa. Les estresa ver las calles llenas de gente andando de un sitio a otro.
El contrapunto a este tipo de transeúnte es aquel que va por la calle empanado de la vida. Es el típico que, bien porque es jubilado, bien porque no tiene nada mejor que hacer, ya saben: si es jubilado pues no sé, observar atentamente y comentar con los coleguis una obra que estén realizando en alguna calle… pues se dedica a pasear por las aceras más estrechas mirando a los edificios y con las manos en los bolsillos. Estos se llevan muy muy mal con los de la tipología número 1, como yo. Estos nos calientan la cabeza sobremanera; en ocasiones he tenido que apartarlos de un manotazo de una manera semi-educada, o decir un “me dejas pasar, por favor” en afirmación, que no en petición, muy recurrido, y que siempre está bien. A ciertas personas del tipo número uno sencillamente les enerva ir detrás de otra persona, y el simple y mero hecho de darse este caso hace que se estresen y tengan prisa por adelantar a toda costa, supongo que para tener espacio vital.
También están los que no pasan un semáforo en rojo ni hartos a vino. Que está muy bien, pero hombre, si no viene ningún coche… si se oye hasta a los grillos del silencio que envuelve el entorno… pues hombre. Da igual, no pasan aunque se estén jodiendo de frío, asfixiándose de calor o se estén reventando de orín.
Luego están las parejitas. ¡Ay, las parejitas! Las que más molan son aquellas que, curiosamente a mi parecer, van agarradas de la mano, pero de forma tal que ocupan toda la acera; es como un te-quiero-pero-a-distancia. Y van agarraditos de la mano pero bien estirados, sí señor. Que digo yo: si tanto se quieren como para ir agarraditos, ¿por qué van tan separados? ¿por qué no van abrazaditos? ¿por qué no se sueltan y me dejan en paz? y claro, con éstos que vas a decir, no vas a ser el aguafiestas que les corte el rollo. Y piensas: “bueno, venga, va, pero si sacan un seis tienen que abrir barrera, ¿eh?
Después están los niños. Buf, estos me dan un miedo… corretean por todas partes para detenerse luego justo delante de tí, que tienes que saltar por encima de ellos para no pisarlos; se te meten entre las piernas por menos de nada. Yo una vez pensé ¡qué narices! y pasé a uno entre las piernas, como a los pivotes estos que ponen para que no atraviesen los coches. ¡Por dios de niños! ¡qué patada se podían llevar! Pero bueno, son niños, que le vamos a hacer, ¿verdad, papis?
Y por el asfalto no andamos mancos tampoco. Los que circulan en coche son la monda también. Los que más abundan son los que no respetan los pasos de cebra. Algunos avanzan mientras estás pasando; tienes que andarte con un ojo… algunos pasan de tí, otros levantan la mano y ponen carita en plan: “disculpa, oye, pero… bueno, va, te jodes, pero la vida es así de puta, macho; si tienes huevos ponte delante y verás tú”. Y los que más jeta tienen directamente te levantan un dedito en un gesto de muy mala escuela.
Por otro lado están los que, ante un semáforo en rojo a 50 metros dan el acelerón para luego frenar en seco, así, en plan mira-como-molo, como-controlo-el-buga, etc, etc. Un reventón tenía que sufrir su “buga” y ahostiarse contra una farola, verías tú qué risas.
Y finalmente tenemos un grupo que yo tengo como inclasificable. No sé si meterlos en el saco de los tarados de la acera o de los trastornados de la brea. Éstos son, amigos, los jubilados mayores de 70. Estos lo que tienen es que cruzan por donde les sale de la brenca. Da igual que haya paso de peatones o que no lo haya. Aplican su propia ley de: como-soy-jubileta-y-he-cotizado-la-tira-de-años- paso-por-donde-me-sale-de-los-cojones. Y no pares delante de ellos o vete y pítales, que verás tú que cara de mala hostia ponen, ¡qué salaos!
En fin, que todo el mundo me estresa, me cansa; entre los cagaprisas, los empanaos, los niños, los abuelos, las parejitas y los zumbaos… ¿tanto se me nota que necesito unas vacaciones?
Las llamadas inoportunas (reeditado) Mayo 22, 2008
Posted by ravelus in Monólogos.add a comment
Cuando me quedo sólo en casa tengo la sana costumbre de no coger el teléfono ni abrir la puerta a casi nadie. Dirán que soy un borde, un antipático e incluso un antisocial, pero créanme, como dice la canción, el mundo me ha hecho así. Total, si llama alguien al portero automático… ¿quién podría ser? ¿un familiar? bah, querrá ver a mis padres, y ellos no están. ¿Propaganda? Vale, en ese caso les abro y les hago una reverencia… ¿el cartero? buf, puñetero cartero. El cartero tiene la maldita manía de llamar siempre a MI puerta. Claro, como mi madre es tonta (de buena que es por tener a un hijo como yo) y le abre todos los días la puerta… cuando me quedo sólo llama aquí. Y yo, que le tengo pillado el horario, voy y no le abro. ¡Pero el muy cabrón insiste! Es como si dijera: “abre, cacho cabrón, que sé que estás ahí, anda”.
A la puerta te llaman los vecinos. Estos no me preocupan. Tampoco les abro. Será para echarme la bronca por tener la música alta o para pedirme algo que seguramente no sepa dónde está: las llaves del patio de luces, la llave del 15 de tubo de no se qué, vinagre especial para ensaladas fabricado en la República del Congo… Siempre te piden algo que no tienes ni puta idea de dónde lo administra tu madre o tu padre. La otra opción es que te llamen los de TECNOCASA; éstos son majos, sólo te dan el folletito y se piran. O los de páginas amarillas… o los de ONO. Madre, qué pesados son estos tíos, y los de TELE2. Es mejor decirles que no eres el titular de la línea y que no tienes ni idea de nada, eres tonto y tú no tienes la culpa. ¿Y cuándo te llaman los testigos de Jehová? ¿O las viejecitas estas que te dan una revistilla de una secta masónico-cristiana… ¡por el amor de Dios! Con estas me meo de la risa.
Pero lo mejor es el teléfono. Aquí se repiten de nuevo los de ONO, Orange, TELE2… ¿alguien se ha preguntado alguna vez por qué siempre que te llaman los de Jazztel y los de Yacom son todos sudamericanos? Como llamen desde su país espero que no sea a cobro revertido, porque la factura podría ser curiosilla. Yo a estos de las telefónicas antes les escuchaba, les respetaba, no como mis padres, que pasan de ellos… una vez le dije a una que estaban mareando a los clientes con tanta oferta y que nos volvían locos. Pero llegó un punto en que me harté. Me harté porque debieron de verme cara de tonto (por teléfono) y no hacían más que llamar de todos los sitios. Yo creo que se comunicaban entre ellas y decian: “llamad a este que os hace caso; no os manda a freír espárragos ni nada de eso”. Y todos a llamar a mi casa. Además ahora, no sé si les habrá pasado, ¡pero son muy bordes las tías! El otro día, después de aguantar estoicamente el chaparrón que me daba una de no se qué compañía, que intentaba intervenir en la conversación pero no me dejaba y cualquiera que me oyera creería que soy tartamudo o idiota, cuando conseguí hablarle y hacerme escuchar un “lo siento, señorita, pero no me interesa”, ¡la tía se puso como una energúmena por “perder todo este tiempo que podría haber empleado a convencer a otro cliente (idiota)”! Acojonante.
En fin… pero lo mejor de lo mejor son las llamadas de tu abuela cuando te quedas sólo en casa. Es increíble. Te llama… a todas horas: a ver si has apagado la calefacción, el brasero, las luces, si has llegado bien a casa la noche anterior… y te llama… pues a eso… ¡a las 9 de la mañana! Y te dice: “¡uy, hijo!, ¿estabas acostado?” Y tú, claro; con una voz ininteligible, venida de lo más profundo de las cavernas de tus cavidades pulmonares, sueltas: “¡no! ¡qué va! ¡Si ya llevaba yo una hora despierto, mujer!”.
Qué majas las abuelas, cuánto se preocupan. Y claro, la abuela se siente culpable y cuando te vuelve a ver te dice: “uyyyy no te vuelvo a llamar porque es tontería, hijo; parece que te hacemos de menos y ya eres mayorcito”. Y tú respiras aliviado… iluso de tí. A la vez siguiente vuelve a llamar… esta vez se corta un pelo y te llama a las nueve y media. Da gracias.
Pero la repanoche llega cuando estás con una chica en casa. Ahí es cuando todas las constelaciones de astros, galaxias y quasares se unen contra tí. Porque estás tú en el tema con tu chica en la cama, ahí, pues eso, a lo tuyo… y te llaman por teléfono. Y tú levantas la cabeza, te quedas mirando a los ojos a tu chica… y sigues. Ya parará. Joder, no para. Uf, ya paró. Dos minutos depués… vuelven a llamar. ¿Por qué la gente cuando llama por teléfono y no lo coges… enseguida vuelve a llamar? ¿Por qué no espera media hora para volverlo a intentar? Igual estoy fuera… o haciendo del vientre… o follando, ¡qué coño!
Pero volvamos a lo nuestro. La ira va en aumento. Vuelves a mirar a tu chica. Ella ya comienza a mirarte con cara de mala leche, pero todavía ves en sus ojos un atisbo de comprensión que te dice: “igual deberías ir”. Nada, a lo tuyo. Sigues. Joder, no para de sonar. Por fin, ya paró. Tres minutos después el teléfono vuelve a sonar. Ahora ya paras, definitivamente. Y tu chica te mira con unos ojos en plan: “¡¡Vete, vete, VETEEEEEE!!”. Y vas. Y vas con lo puesto. Es decir… el suelo está frío y tu vas hacia el teléfono. La escena es… entre hilarante y penosa. Ahí estás tu, con el teléfono en una mano, mirando cómo tu cosita encoge por el frío suelo y porque te han cortado el rollo… y con el condón puesto. Porque claro, tú no eres tonto: tu cosita va a aguantar ahí como un campeón, sin duda, y no le afectará ni el frío, ni la mala leche que te ha entrado, ni la voz de… no; no puede ser…
- Abuela qué quieres, por el amor de Dios…
- Nada hijo, era para ver si estabas bien.
…
Paso de transcribir lo que me pasa por la cabeza en ese momento porque alguno/a se escandalizaría.
Así que ya saben, si se quedan solos en casa no abran a nadie, corten el cable si hace falta, corten el teléfono… y muy importante: ¡páguenle a la abuela unas vacaciones con el Imserso!

